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Castillos en Cadiz

Castillo de Fátima Ubrique

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Castillo de Fátima

El Castillo de Fátima, también llamado Castillo de Cardela se localiza en la Sierra de la Silla, a pocos minutos de la localidad gaditana de Ubrique. Desde las ruinas del castillo se pueden observar impresionantes vistas del entorno natural y del Embalse de los Hurones.

El Castillo de Fátima fue construido por los musulmanes y a día de hoy se encuentra en estado de ruina. Constituia bastión defensivo que ejercía el control en el paso occidental al valle del río Ubrique.

Al parecer existieron varios enfrentamientos entre musulmanes y cristianos para tomar la posición del castillo, a finales del s. XV pasó a ser propiedad de los Duques de Arcos.

A día de hoy es una finca privada con coto de caza.

Fortaleza de la época de la dominación árabe, aproximadamente de los siglos XII y XIII.

Fue declarado Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento (código: 110380004). Bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español. En el año 1993 la Junta de Andalucía otorgó un reconocimiento especial a los castillos de la Comunidad Autónoma de Andalucía.

Monumento Inscrito | BIC | Castillo de Fátima | Castillo de Cardela | Ubrique | Cádiz

Otras fortalezas defensivas cerca del Castillo de Fátima:

Castillo de Zahara de la Sierra | Castillo de Olvera | Castillo de Jimena de la Frontera | Castillo de Matrera | Castillo de Arcos de la Frontera | Castillo de Fatetar


Un comentario

  1. José MARTÍN DURÁN escribio:

    CARDELA

    Fátima,
    su castillo, alerta en el viento…
    su madre, Zoraida, esposa de un capitán,
    era expresión mora en su pelo,
    su cara, espira de sol…
    Fátima, su retrato era.
    Vivía en Cardela, fortaleza,
    un castillo en las tierras de Al-Andalus,
    sierras que marcaban el reino en Granada,
    cerca del Ocurris (restos).
    El BUITRE leonado tiene allá su refugio;
    dicen que son almas de moros valientes
    que allí habitaron.
    Planean,
    vigilan en lo alto, se posan…
    son garras
    del recuerdo que vuelan,
    se funden con la roca escarpada,
    en vertientes,
    piedras en la nostalgia, alas que hablan.
    Me quedo mirando hacia uno muy cerca…
    pregunto… responde:
    –Hixén en tu mundo me llamo –contesta-
    Fui hijo de Oliat,
    sobrino del alcaide mayor;
    mi alma vaga en las noches luengas…
    los días no tienen adiós.
    –¿Y Fátima?, habladme de Fátima,
    cuéntame, Hixén, cuéntame,
    ¿tuviste con ella relaciones de amor?
    No me escucha…
    con gesto triste, no huraño, el buitre se va.
    Una corneja,
    en un hoyo metida, del oscuro cimiento,
    seguro,
    me llama:
    está dispuesta a contar,
    a enterarme de lo que yo quiera;
    su destino, dice, es relatar
    lo que diurnos ojos
    no ven en la noche…
    inicia:
    –Una fuente,
    Fátima venía de la fuente
    de Aguam Fría de Arriba,
    su cántaro pesaba, iba lleno de amor…
    un amor que no veía.
    –¿Qué pasó?.
    –Hixén salió al camino…
    los ojos,
    el cántaro se abrió, se esparció el agua…
    un beso,
    los labios se unieron:
    testigo, la fuente aquella…
    fuente (amor).
    –¡Sigue, Corneja, sigue… habla!
    –Todas las tardes
    la fuente escuchaba palabras,
    requiebros, sonrisas,
    enamorados que jugaban,
    el agua,
    promesas, caricias:
    era el amor que azuzaba el deseo; a veces, los dos,
    tendidos en la hierba…
    ellos.
    Mas Fortuna cambió la suerte:
    en una reyerta con pocos cristianos una flecha lánguida,
    perdida, (perversa)
    hirió el cuello de Hixén…
    el agua emanó turbia,
    la vena (la arteria)…
    la sangre soterrada en oscuros claveles…
    el joven murió.
    Fátima
    era sólo la fuente: su agua… (su vida).
    Uncía los labios en el caño celeste;
    el cántaro…
    rebosante, ni una gota vertía;
    escalaba por la noche a la torre mayor
    y desde allí la arrojaba.
    ¡memoria,
    lágrimas negras,
    sombras de Fátima e Hixén! ─
    exclama y termina
    la vieja Corneja.
    …………………
    Buitres,
    leones envueltos en tristeza…
    enfilan los cielos:
    Fátima,
    aroma… Hixén.
    José Martín

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