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Cazorla Ermita de San Miguel Arcángel

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Ermita de San Miguel Arcángel, Ermita del Ángel de Cazorla

La Ermita de San Miguel Arcángel,  popularmente conocida como Ermita del Ángel de Cazorla, es uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad al encontrarse en el camino que unía la villa con las estribaciones de la sierra, siguiendo la rivera del río de Cazorla y a escasos minutos del Castillo de la Yedra.

La Ermita de San Miguel Arcángel ha estado durante estos últimos años abandonada y ha servido a otras funciones muy distintas a las del culto. Ha sido recuperada del olvido por un grupo de vecinos de forma generosa y desinteresada, presentando su aspecto actual.

Arquitectónicamente presenta una planta rectangular en tres cuerpos, cubierta con bóvedas separadas por arcos fajones de medio punto. Bóveda de medio cañon en el segundo cuerpo y elíptica en el tercero, mientras que en la parte anterior (entrada) nos muestra una impresionante bóveda “baida” de una magnífica traza de cantería (aunque en la actualidad esté enmascarada por un enfoscado de cemento).

Esta bóveda esta sostenida por cuatro gruesos pilares circulares de buena fábrica y cerrados con paramentos de “toba”.

El interés arquitectónico de esta construcción radica en el posible desarrollo de la misma. Al parecer en un primer momento fue una construcción abierta sobre cuatro grandes pilares y cubierta por la bóveda baida a modo de los “humilladeros” tradicionales, que servían de lugar de rezo a los caminantes a la salida y entrada de la villa y que posteriormente, tiempo después, se convertiría en una ermita bajo la advocación del arcángel, desarrollándose el cuerpo posterior de la misma e incluyendo en el primer tramo el pequño campanario aprovechado como soporte de uno de los pilares y cerrándose este espacio por todos sus lados menos por el que pega al camino, solo delimitado por una balaustrada de madera que incluso posteriormente fue embutida en el cerramiento definitivo.

Si nos atenemos a ciertos elementos arquitectónicos, esta construcción debe tener sus orígenes durante los siglos XVI y muy relacionada con la construcción de la cercana Iglesia de Santa María. Posteriormente el resto de la edificación debiera ser de un momento avanzado del siglo XVII y principios del XVIII.

Desde el año 1999, la ermita está consagrada, además de el culto de San Miguel Arcángel al culto a San José Obrero, cuyas fiestas se celebran los días 29 de Septiembre y 1 de Mayo respectivamente.


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