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Alhama de Granada – Itinerario por los Tajos y Presa de Alhama

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Itinerario por los Tajos y Presa de Alhama

Itinerario por los Tajos y Presa de Alhama. Desde este lugar parte un sendero que en cinco minutos nos adentra en el corazón del tajo. Siguiendo dicho camino paralelo al río, podemos realizar un agradable paseo en el que además de observar y disfrutar del microclima que nos ofrece la vegetación de ribera, nos veremos inmersos en un paisaje espectacular.

Recorridos aproximadamente 2 Km., termina el sendero en el punto en que se cruza con la carretera que va de Alhama de Granada a Játar, donde nos encontramos con la presa del rio Alhama. Ante nosotros podemos observar un paisaje modelado por el río que ha dado origen a impresionantes paredes verticales que constituyen los Tajos de Alhama. Están formados por materiales del Terciario ( Mioceno) y Cuaternario ( aproximadamente entre 25,5 – 5,2 Millones de años). En su interior se encierran una gran cantidad de restos vegetales y animales fósiles que han servido para datar su historia natural. A esta micro fauna y microflora se le asigna una edad entre 15,2 y 5,2 Millones de años, que los sitúa en los pisos (edades) Serravaliense y Tortoniense inferior.

El Tajo es el causante de que la población de Alhama esté donde está. El carácter inexpugnable de sus paredes confirieron en el pasado protección y seguridad a la ciudad ante el enemigo. Los pobladores de Alhama desde siempre han sacado partido a los recursos que este entorno les ofrecía. El agua del río aprovechada como fuerza motriz para mover piedras de molinos y generar energia eléctrica; las reducidas terrazas para huertos, los pastizales para alimentar sus ganados, etc. A lo largo del recorrido que le proponemos, puede disfrutar de tres comunidades vegetales distintas como son, el bosque de ribera, la vegetación rupícola ligada a las paredes rocosas y el sotobosque mediterráneo en las laderas.

Lavado a la piedra
Una técnica mucho más antigua de lo que imagina

Si algo caracteriza a los Tajos de Alhama es la belleza de sus rocas talladas por el río Alhama. Después de un largo proceso de tiempo y de relación entre la roca y el agua, se han formado sus emblemáticos cañones y tajos. Se trata de un impresionante conjunto natural, donde la forma de vida de sus habitantes y el uso de los reccursos disponibles han enriquecido un patrimonio que merece la pena conocer.

Los motivos que llevan a declarar protegido un espacio, en líneas generales, son su riqueza natural, la de las relaciones del ser humano con ella y las amenazas a las que está expuesto. Por eso, es tan importante la conservación de los valores naturales, como la del patrimonio cultural que alberga. En este caso, hablamos de los antiguos lavaderos o pilas de lavar, que se pueden encontrar en los cortijos de estos campos y en concreto, en la margen izquierda del río.

En el camino que discurre por el fondo de los tajos, resultan muy visibles estos lavaderos de antaño. Se requería un gran esfuerzo para su uso ya que era necesario acarrear la ropa hasta el lavadero y, luego, frotarla una y otra vez contra la roca con la fuerza de los brazos. No hace tanto tiempo, se impuso la moda en algunas marcas de confección el uso del término «lavado a la piedra» para conseguir un novedoso efecto en el tejido que, en verdad, es tan antiguo como «lavar a mano» en una pila de piedra de una casa rural andaluza.

Las «lavadoras» de las abuelas alhameñas
Aunque el agua potable llegó a Alhama a mediados de los años 50, hasta bien entrada la década de los 80 las alhameñas utilizaron las pilas de piedra colocadas junto a la acequia de los molinos como único lugar donde lavar la ropa sucia. Cada familia disponía de su propia pila que había pagado al picapedrero o solicitaba su uso a algún familiar o vecina.

Procedimiento
La madre de familia en compañía de sus hijos, en el caso de las familias pudientes la criada, cogía la ropa sucia, la introducía en una canasta y antes de que apretara el sol se dirigía al este lugar o a otros que a lo largo del río había, provista de un cubo de metal (luego vendrían los de plástico) con el que tomaban el agua de la acequia o del río para llevar a la pila.

La ropa blanca más sucia y de color la echaban en remojo. A continuación enjabonaban con el jabón casero y se restregaba con fuerza contra la roca. Es curioso observar como las pilas más viejas mostraban una concavidad en el centro debido a este proceso. De vez en cuando levantaban el «trapo» y a base de «suches» en el aire y a fuerza de frotar con los nudillos eliminaban las manchas más resistentes.

Aclarado o enjagüe
Una vez realizado este proceso los «trapos» se depositaban en el cubo y se acercaban a la orilla de la acequia para iniciar el aclarado. Enfrascadas ellas en su tarea, era habitual la presencia de mirones por los alrededores que aprovechaban para ver las pantorrillas de las lavanderas al tiempo que extendían la ropa sobre el agua para eliminar el jabón. Seguidamente estrujaban la ropa mediante un hábil retorcimiento realizado con ambas manos que giraban en sentido contrario.

Secado
Una vez finalizado el «enjuague» buscaban el lugar adecuado como zarzales, espinos, rocas y pequeñas praderas para secar la ropa. Este rato era aprovechado para charlar y tomar algún alimento y fruta. Una vez seca era doblada para volverla a introducir en la canasta e iniciar el camino de regreso ya con la ropa limpia.

Itinerario por los Tajos y Presa de Alhama, Alhama de Granada

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¡Ay de mi Alhama!
alhama-de-granada-rey-moroEs el lamento que un apasionado romance fronterizo puso en boca del rey moro granadino, al conocer la pérdida de esta ciudad. Algunos siglos más tarde seria el viajero romántico Teófilo Gautier, quien descubriera su presencia “..colgada sobre una enorme roca o pico como un nido de águila”. La ciudad de Alhama y sus Tajos configuran un paisaje irrepetible. El tajo que en época andalusí sirviera para reforazar  el carácter fortificado de Alhama, seguramente ya en aquella época, y con toda seguridad en los años sucesivos, determinó algunos aspectos importantes de la vida cotidiana, cultural y económica de la ciudad.

  1. A lo largo del margen izquierdo del camino que discurre por el fondo de los Tajos resultan bien visibles las Pilas de lavar, esculpidas en la roca por los alhameños.
  2. Los molinos (fábricas de harina) de Santa Teresa, La Purísima, San Antonio, San Francisco y Nuestra Señora del Carmen, todos ellos al fondo del Tajo, debieron servir para el procesamiento de buena parte de la producción cerealista de las campiñas alhameñas. Bajo los muros del primero de ellos aún hoy resultan perceptibles los restos arqueológicos de la más antigua construcción molinera de este paraje.
  3. La energía cinética del agua del río no sólo fue aprovechada para la molienda del cereal. La electrificación de estas tierras fue posible gracias a las instalacion de Centrales productoras, rió abajo.

En el terreno de lo legendario, la Ermita de Nuestra Señora de los Ángeles, al pie del camino de los Tajos, conmemora lo acontecido un 2 de agosto de 1500, cuando un caballero procedente de Málaga despeñose por el precipicio sin sufrir daño alguno(según el decir popular todavía hoy permancen gravadas las pezuñas herradas de su caballo enana roca próxima  a la ermita).

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