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Pueblos de Cadiz

Benamahoma

Pueblos de Cadiz

Benamahoma

Benamahoma se localiza en la falda oeste de la Sierra del Pinar, entre las las localidades de El Bosque y Grazalema a la que pertenece como pedanía, en el Parque Natural Sierra de Grazalema.

De origen árabe, su nombre proviene de “Bena Mahummad” cuya traducción es “hijos de Mahoma”.

El primer componente, “Bena”, heredado del árabe abna (plural de “ibn”, que significa “hijo”), y el segundo, “Mahummad”, del español antiguo Mahoma.

Tras la reconquista de la Sierra por los cristianos, en 1609 fueron expulsados los últimos mudéjares y  moriscos que la habitaban. Pero a lo largo de su historia, los habitantes de esta pequeña pedanía, mantienen el sonido árabe <<h>>, similar a una <<j>> suave, y no extraño que en el pueblo se pronuncie como “Benamahóma” y “Benamáhina”.

Al principio este núcleo urbano dependía de las Cuatro Villas de la Serranía, hasta que el 11 de septiembre de 1810, basándose en la heroica resistencia que hicieron ante el invasor francés, sus foráneos solicitaron de la Regencia de España depender exclusivamente de Grazalema. Como justificación, los guerrilleros Miguel y Diego Castillo aseguraban que el día 13 del anterior mes de febrero habían matado dos caballos, dos hombres y herido de muerte a diez franceses.

Tradiciones – Fiestas Populares de Benamahoma

El término municipal de Grazalema esta constituido por una diversidad de población que se concentra en Grazalema como núcleo matriz, en la aldea de Benamahoma y en el diseminado rural de la Ribera de Gaidóvar.

Este hecho posibilita una variedad cultural y antropológica diversa que se manifiesta en las celebraciones de sus tradicionales fiestas, vinculadas a lo más profundo del sentimiento religioso de sus pobladores, y a la sensibilidad que estos hombres y mujeres han tenido para conservar sus más ancestrales costumbres.

El calendario anual de celebraciones se inicia a finales de febrero, con la llegada de los Carnavales, con más presencia en la actualidad en Benamahoma que en Grazalema. Las comparsas y chirigotas componen letras cargadas de ironía sobre los acontecimientos cotidianos.

La siguiente celebración en el calendario es la Semana Santa. En esta fecha las hermandades y colectivos religiosos sacan en procesión el magnífico patrimonio religioso, tanto en Grazalema como en Benamahoma. Las Hermandades de “Padre Jesús y María Santísima de los Dolores”, “El Cristo de la Escalera”, “El Cristo de la Veracruz y Sangre de Cristo”, “Nuestro Señor El Cautivo”, “Jesús Crucificado” que es portado a hombros por las mujeres, y “Nuestro Señor Jesucristo El Resucitado”, hacen las delicias de los devotos y visitantes.

En el mes de mayo, destaca la Procesión de Santa Ángela de la Cruz, cuyo padre era descendiente de grazalemeños. Igualmente, en este mismo mes, tienen lugar  la tradicional Romería de la de San Isidro Labrador, cuya Hermandad es un ejemplo de la humildad y tradición de la gente del campo. Se mantienen de igual forma, las festividades del Corpus Christi, Las hogueras de San Juan, y, el 2 de mayo, el culto a San Atanasio, Patrón de Grazalema. En Benamahoma, se celebra la Procesión de San Antonio de Padua, que es el patrón de la aldea.

Durante el mes de junio, tiene lugar la Romería de San Francisco de Asís, que se celebra en Benamahoma.

Pero, sin duda, las celebraciones más llamativas son las fiestas de finales del mes de julio, en honor de la Virgen del Carmen. Es mucho el fervor popular y devoción a la Señora del Monte Carmelo, y, cómo no, el lunes del Toro de Cuerda, una tradición milenaria según los historiadores, y de cuyo legado es heredero el toro de cuerda del Domingo de Resurrección, en Benamahoma.

El primer fin de semana de Agosto, Benamahoma recuerda su pasado histórico con las tradicionales luchas de Moros y Cristianos, en honor de su Patrón, San Antonio de Padua. En este mismo mes, se celebran también las Fiestas Mayores de Grazalema. Y el día 8 de septiembre, la Virgen de los Ángeles, Patrona de Grazalema.

Otra de las citas imprescindibles es la Recreación Histórica “GRAZALEMA 1832”, que recrea hechos acontecidos en este pueblo al afamado bandolero José Mª “El Tempranillo”, y que se celebra en octubre.

Moros y Cristianos de Benamahoma

Benamahoma es la única localidad de Andalucía occidental donde se celebran las fiestas de moros y cristianos, aunque no existen documentos históricos locales que confirmen el comienzo de dicha celebración, si se hace referencia al origen árabe del núcleo poblacional situado dentro del municipio de Grazalema, en las crónicas del moro Rasis en el siglo XV y en diario del viajero romántico y antropólogo inglés Richard Ford en el siglo XIX.

El origen de estas fiestas, parece encontrarse en Andalucía en forma de luchas festivas entre nobles y caballeros agrupados en dos bandos, moros y cristianos, así lo confirma la referencia de una lucha festiva realizada en la ciudad de Jaén en 1463 con la intervención de un importante condestable. Posteriormente, en el siglo XVIII, la representación va pasando de la nobleza al pueblo, y de la ciudad a las aldeas, institucionalizándose en fechas fijas y periódicas ligadas a la festividad de los patronos.

Es ahí donde se encuentra el origen de las luchas de moros y cristianos de Benamahoma, por ser este un pueblo que en época árabe era una alquería musulmana con población morisca perteneciente a la medina de Grazalema y tener que enfrentarse a la llegada de los caballeros cristianos, repobladores de las tierras benamahometanas, la identidad siguió existiendo al denominarse el pueblo morada de Mahoma o Hijos de Mahoma en árabe Ibn-Mohammed.

Gastronomía de Benamahoma

Benamahoma posee una exquisita y variada gastronomía. Entre sus platos encontramos desde las tradicionales sopas cocidas y gachas, guisos de tagarninas y espárragos, hasta los suculentos guisos de conejo, carnes de caza y truchas al horno.

De gran tradición son las chacinas, hechas por las mujeres en las matanzas, así como la preparación de queso de cabra y oveja, mermeladas, frutas en almibar, tomates y pimientos al baño María, y una gran variedad de dulces caseros donde destacan las empanadillas, alfajores, bollos en aceite y hornazos, algunos de ellos típicos en las diferentes festividades del pueblo.

Ocupa un lugar privilegiado de nuestra cocina la famosa olla, preparada con hortalizas de las huertas y productos de la matanza, al igual que los platos preparados con la cagarria o colmenilla, seta exquisita de la Sierra del Pinar.

La Artesanía de Benamahoma

La artesanía de Benamahoma se ha materializado desde la antigüedad en objetos de cobre, sillas de madera con asiento de enea y trabajos de barro como tejas y cántaros.

Actualmente las fraguas de cobre son un recuerdo del pasado, aunque la mayoría de las familias conservan importantes piezas fabricadas en sus talleres. Sin embargo, ha perdurado los trabajos en madera gracias a la existencia de una fábrica de muebles que goza de gran estimación y prestigio nacional. También posee una buena producción de cerámista, donde se mezcla la tradición de la alfarería popular con la cerámica creativa.

Algunos mayores de este pueblo mantienen los trabajos en esparto, palma y caña, muy usados en el pasado para realizar sobre todo las tareas del campo, mientras que las mujeres han sabido mantener las labores de croché y punto de cruz.

Benamahoma

Benamahoma - Plaza del Horno

Parque Memoria Histórica

Desde la antigüedad el ser humano ha tomado conciencia de su humanidad dignificando a sus muertos, dándoles sepultura y ofreciéndoles presentes para iluminar su destino al más allá.

La Ley de la Memoria Histórica ha creado momentos de reencuentro con un pasado olvidado, en muchos intencionadamente, y en otros casos sin respuestas.

Con iniciativas como el Parque de la Memoria Histórica, se ha dignificado a hombres y mujeres que estaban catalogados como desaparecidos, cuando, en la mayoría de los casos, habían sido asesinados y asesinadas bajo la violencia que engendran los conflictos bélicos o simplemente las rencillas personales, los odios, las venganzas….

Un pueblo es sabio cuando honra a sus muertos, cuando no los olvida y cuando les rinde el tributo a sus vidas, pues este hecho, tan normal en nuestra cultura, es precisamente lo que hemos hecho posible en el municipio, sacando a la luz aquellos restos de vecinos y vecinas que un día vieron interrumpidas sus vidas, y llevándolos a nuestros campos santos para que tengan un descanso digno como dictamina nuestra cultura serrana.

A todas estas iniciativas, por aplicación de la Ley de la Memoria Histórica, llevadas a cabo por administraciones locales, provinciales, regionales y nacionales, junto con colectivos, asociaciones, grupos familiares, investigadores, historiadores, antropólogos, criminólogos, forenses, y juristas… hay que unir la contribución del arte como vehículo para expresar los sentimientos y vivencias que cada cual tiene sobre lo que vive, lo que encuentra, lo que ve… ese concepto artístico se plasma en la persona de Andrés Montesanto, que a través de sus esculturas y monumentos son han legado a nuestro municipio el mejor de los tributos, un monumento a los Derechos Humanos.

Carboneo

Práctica tradicional para obtener carbón vegetal de la leña de árboles mediante la combustión incompleta de la misma en unos apilamientos que se cubren de tierra y que se denominan carboneras.

Esta ardua tarea empezaba con la subasta, por parte de los ayuntamientos o fincas particulares, de aquellos lotes de madera fruto de entresacas, podas y árboles secos o caídos. Se contrataban cuadrillas de trabajadores con un buen conocimiento del  oficio: tipo de leñas, su colocación, los caños o canales interiores por donde debía circular el fuego sin quemar la leña, las “encendías” y “buyones”.

Proceso de fabricación:

Primero se comenzaba por trocear la leña, y transportarla hasta el “armaero”: un lugar limpio de vegetación y espacioso donde iba a ser levantado el horno. Una vez la leña junta, se disponían primero los troncos gordos, de pie y en forma circular, para ser cubiertos con leña más inferior hasta conformar la cúpula.

El conjunto era cubierto con matas y ramas que soportaban la tierra que se iba echando encima, con el fin de “ahogarlo”. Esta tierra era recogida de los alrededores, sabiendo que la más fuerte debía echarse en la parte delantera, y la de bujeo, en cambio, por detrás, obligando al fuego a que circulara bien por dentro.

A partir del encendido, la vigilancia por parte del encargado era exhaustiva. Con la ayuda de una espuerta, una zoleta y el palo de hacer buyones iba corrigiendo la cochura en función de lo que si instinto, y el olor de humo desprendía, le fueran aconsejando.

Cuando la leña estaba bien cocida, es decir, transformada en carbón, el horno perdía volumen y “caía”. A continuación se retiraba la tierra superior, consiguiendo que el fuego se consumiera sin que el carbón de su interior ardiera.

Ayudado de sus herramientas, el ros y el rastro, el carbonero iba sacando el carbón acumulado en el interior, hasta extenderlo por los alrededores. Una vez frío y metido en las “seras”, el carbón se cargaba a lomos de caballerías que lo acercaban hasta los cargaderos, desde donde se conducía a la estación de ferrocarril más cercana, o al puerto, para ser consumido en los hogares, calefacciones, talleres de fundición, o en las propias máquinas ferroviarias.

¡ERA TODO UN ARTE!

Benamahoma

Disposición de la Carbonera

  1. La camá
  2. Los tastes
  3. Árgumas, sarojos y orcinas
  4. Leña menuda
  5. Los céspedes
  6. Capa de tierra.

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