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Pueblos de Málaga

Casarabonela

Pueblos de Málaga

Casarabonela

El municipio malagueño de Casarabonela se encuentra al noroeste de la Comarca del Valle del Guadalhorce, limitando con la de Antequera y la de Ronda. El pueblo se halla a unos 500 metros de altitud sobre el nivel del mar y dista 48 kilómetros de la capital de la provincia. El índice pluviométrico de la zona supera los 710 l/m2 y la temperatura media anual es de 17º C

Casarabonela es uno de los pueblos que mejor ha conjugado su pasado musulmán y cristiano, conservando así buena parte del trazado propio de la antigua Casr-Bonaira, y su herencia musulmana se hace visible en cada rincón de este maravilloso pueblo: sus fachadas blancas, calles estrechas y empinadas.

Las tierras de este municipio se adentran en la comarca rondeña por las sierras de Alcaparaín y Prieta, y se acercan al río Turón. La riqueza de flora y fauna así como la enorme variedad paisajística facilitaron su integración en el Parque Natural de la Sierra de la Nieves, declarada por la UNESCO Reserva de la Biosfera en el año 1995.

El terreno va perdiendo altura hacia la zona central del territorio, donde abunda el olivar y el cultivo de cereal, mientras que alrededor de la población se observa el esfuerzo del hombre por ahormar el terreno, y su rica huerta, heredada del arte del regadío introducido por los árabes, junto con sus numerosos caños y fuentes, que alivian la sed del viajero en los calurosos días de verano.

En cuanto a la historia del pueblo, la aparición de vestigios neolíticos en las cuevas de las sierras del municipio, prueban la presencia del hombre en estas tierras desde épocas muy remotas. Pero los testimonios antiguos más importantes pertenecen a la época romana. Estos crearon en lo que hoy es Casarabonela, un primer asentamiento a modo de puesto avanzado que llamaron Castra Vinaria -castillo del vino- y construyeron calzadas que atravesaban su territorio. Todavía se conservan restos de dos de ellas, una que unía Casarabonela a Málaga por el sur y otra con Ronda por el oeste.

Los árabes ampliaron y reforzaron la vieja fortaleza romana y mantuvieron su nombre, que por deformación popular terminó pronunciándose como Csar Bonaira, del que proviene su actual denominación. Hasta tal punto reforzaron los árabes sus defensas, que fue la última población de la zona que cayó ante las tropas cristianas durante la Reconquista. A partir del siglo XV se emplea ya el nombre de Casarabonela.

Tras la expulsión de los moriscos, las tierras se repartieron entre repobladores procedentes de Extremadura y otras zonas de Andalucía. En 1574, Felipe II le concedió el título de Villa, según figura en la Carta Puebla que se conserva en el archivo del Ayuntamiento.

Monumentos

Barrio del Arrabal
Arco de Entrada en Fuente del Cristo
Caños y Fuentes
Casas – Cueva
Castillo Fortaleza del Rey Chico
Cruz de la Fuensanta
Ermita de la Veracruz
Ermita del Calvario
Fuente Quebrada
Hornacinas
Iglesia de Santiago Apóstol
Plaza de Buenavista
Puente
Torre Chimenea
Yacimientos Arqueológicos

Cortijo de los Pinos o de San Miguel
Cortijo de Montija
Venta San Antonio
Cortijo las Lomas de Abajo
Cortijo los Cantareros
Fábrica de Aceite San Francisco o Venta Quemá

Gastronomía de Casarabonela

La gastronomía de Casarabonela se caracteriza por sus aceitunas y encurtidos, sus chacinas, su miel y su repostería artesana.

Son platos típicos de Casarabonela el puchero, el magro con tomates, los callos, la carrillada, el conejo, el salmorejo, el lomo, las moragas y el gazpachuelo, así como los espárragos trigueros.

Cómo llegar a Casarabonela

De los dos accesos que parten de la Costa del Sol a Casarabonela, el más aconsejable es el la carretera A-357, desde Málaga capital a Ardales. En este pueblo se toma la MA-446, y tras recorrer unos 12 kilómetros, hay que desviarse por la MA-445, que desemboca en Casarabonela. El otro acceso parte de la autovía A-7 (N-340), en el tramo comprendido entre el aeropuerto y Torremolinos. La carretera A-366, dirección Coín, nos conduce hasta Alozaina, y de allí hay que desviarse por la A-6208, que entra en Casarabonela.

Distancias

A Málaga 46 km
A Granada 170 km
A Marbella 47 km
A Antequera 58 km
A Pizarra 16 km
A Álora 22 km

Senderos en Casarabonela

Sendero Puerto Martínez – Alcaparaín

La Cal y el oficio del Calero

Sierra Prieta, Cruz Alta, Comparate y Alcaparaín se caracterizan por sus afloramientos calizos, utilizados desde antiguo para la extracción de piedra destinada a la fabricación de cal.

La cal viva se obtiene al someter la piedra caliza a casi 1000ºC, utilizando como combustible madera y matorral del entorno.

El uso principal de la cal en nuestros pueblos siempre ha sido el blanqueo de edificios, pero otros de sus muchos usos son el de la fabricación de mortero para la construcción, pinturas al fresco, protección de árboles, desinfectante en enfermedades contagiosas, prevención de la putrefacción en aguas estancadas, cura de diarreas y vómitos y materia prima en numerosos procesos industriales.

La Calera

La calera se asemeja a la boca de un pozo.

L acalera tradicional utilizada en Casarabonela, al igual que en el resto de los pueblos de la Sierra de las Nieves, se construía excavando un pozo circular que aprovechaba el desnivel del terreno, con tres o cuatro metros de profundidad y una capacidad de tres o cuatro metros cúbicos, procurando una ubicación lo más cercana posible de la cantera de donde procedía la roca caliza que origina la cal.

En el interior del pozo se formaba un poyete que servirá como base para apoyar la piedra que se va a cocer.

Una vez extraida la piedra, se procedía a su clasificación y colocación en hileras. A continuación el calero y su ayudante “armaban” el horno, que consistía en llenarlo de piedra. Esta tarea requería una gran sabiduría y destreza ya que debía hacerse formando en la base una especie de cúpula que, dejando bajo ella el espacio necesario para el fuego, soportara sin hundirse todo el peso del resto del material. Una vez llenada la calera de piedra, la parte externa se recubría con una capa de barro que actúa a modo de tapadera para conservar el calor.

Para conseguir una perfecta cocción de la roca, debía mantenerse el fuego encendido durante tres días y tres noches, procurando que siempre mantuviera una fuerza constante para lograr una cocción uniforme. Ya completada la misma se requería otro par de días para enfriarse lo suficiente que permitiera sacar poco a poco la piedra ya convertida en cal viva.

Generalmente una antigua superstición hacía que los caleros no dejaran que una mujer con la menstruación se acercara al horno cuanto está quemando, en la creencia de que ello provocaría mala suerte.

La cal se metía en los serones que el calero había colocado sobre sus animales de carga y era distribuida por el pueblo y sus alrededores.

Aunque este trabajo artesano ha sido sustituido por los hornos industriales, durante generaciones el oficio del calero dio sustento a muchos vecinos del pueblo, dejando una huella indeleble en nuestra cultura popular, como así lo atestigua la pervivencia de numerosos apodos relacionados con esta actividad.


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