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Castillos en Jaén

Castillo de Lopera

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Castillo de Lopera

El Castillo de Lopera se localiza en la C/ Castillo, junto a la Casa de la Tercia, la Parroquia de la Inmaculada Concepción, el Paseo de Colón y la Plaza de la Constitución donde también se encuentra el edificio del Ayuntamiento de la localidad de Lopera, en la provincia de Jaén, Andalucía.

El Castillo de Lopera fue construido por la Orden Militar de Calatrava en la provincia de Jaén, declarado Bien de Interés Cultural en 1991. Esta fortaleza conserva el perímetro  amurallado original, aunque a lo largo de los años, sirvió también de residencia e incluso, como bodega a mediados del siglo XX.

Gracias a los trabajos de restauración realizados, el Castillo de Lopera ha recuperado su aspecto original y se ha evitado, además, el lógico deterioro causado por el paso del tiempo en una fortaleza que es considerada por algunos investigadores como una de las joyas de la arquitectura defensiva. Es por ello que, cuando el visitante cruza la puerta principal, situada frente al actual ayuntamiento y que da acceso al recinto, la imagen que ve es muy similar a la que vería cualquier vecino allá por el siglo XIII. Es en esta fecha cuando la Orden de Calatrava transforma y realiza la nueva construcción sobre la base de una fortificación árabe que protegía a los vecinos. Situado justo en el centro del municipio, el Castillo de Lopera, con planta de pentágono irregular, tiene dos recintos: uno externo formado por lienzos de muralla y protegido por cinco torres y, otro interno, en el que se alzan dos imponentes torres llamadas de San Miguel y de Santa María, respectivamente, y que están unidas entre sí por dos lienzos. La primera se utilizaba para controlar el acceso al alcázar. Como curiosidad, en esta torre todavía pueden verse los daños causados por un proyectil en la Guerra Civil española.

La Torre de Santa María, por su parte, era la Torre del Homenaje. Contaba con dos estancias superpuestas. La de abajo fue transformada en oratorio durante las obras realizadas en el siglo XVI para convertir el castillo en residencia nobiliaria y, ya en el siglo XX, volvió a ser reformada con el fin de acondicionarla como sala de estar por parte de la familia propietaria.

Batalla de Lopera

Unos días después de la ocupación de Lopera por las tropas nacionales, entre los días 27, 28 y 29 de diciembre de 1936, se produjo un enfrentamiento entre las tropas franquistas y las republicanas, la llamada Batalla de Lopera, en la que participó la XIV Brigada Internacional republicana al mando del General Walter (un polaco llamado Karol Swierczewski), que fracasó en su intento de recuperar la población.

Durante los ataques y contraataques la compañía británica del batallón La Marsellaise (dirigida por el capitán de origen judío George Montague Nathan) alcanzó las primeras casas del pueblo aunque después tuvo que replegarse. Los republicanos sufrieron unos trescientos muertos y más del doble de heridos. Tras el descalabro de la Batalla de Lopera, se acusó de traición y del fracaso de la operación al capitán francés Gaston Delasalle, jefe del batallón La Marsellaise, quien fue juzgado en Arjonilla por un Consejo de Guerra integrado por quince personas de diversas naciones y ejecutado.

El descalabro republicano en Lopera se debió a la torpeza de los estrategas que lanzaron el ataque por un estrecho desfiladero entre dos alturas frente a un cerro desnudo (el del Castillo de Lopera) sobre el que se atrincheraron los nacionales. Atrapada entre la artillería (que disparaba obuses con la marca del Arsenal de Lisboa) y de los morteros, ametrallada de frente y bombardeada desde el aire, la brigada atacante fue aniquilada. Sus hombres no alcanzaron las trincheras enemigas, las compañías se desorganizaron y sus jefes perdieron el contacto con sus superiores y entre sí. Para colmo, los hombres no pudieron comer en todo el día, agotaron sus municiones y terminaron literalmente exhaustos.

Los republicanos fracasaron en su intento de recuperar los pueblos perdidos, pero detuvieron el avance franquista y evitaron que el enemigo se apoderara de Andújar y del paso de Despeñaperros, la tradicional vía de comunicación con Castilla.

Este nido de ametralladoras tiene forma de “L” y termina en semicírculo. Los orificios inferiores servían para las ametralladoras; los huecos de la parte superior, para los fusiles y armas automáticas; los espacios interiores el almacenamiento de la munición.

Fuente: Diputación de Jén


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