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Castillos en Jaén

Castillo de Santa Catalina

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Castillo de Santa Catalina o Alcázar Nuevo de Jaén

El Castillo de Santa Catalina o Alcázar Nuevo se localiza coronando el Cerro de Santa Catalina, (200 metros por encima del casco urbano), dominando sobre la ciudad de Jaén.

La fisonomía de la fortificación fue modificándose como resultado de una larga y dilatada historia llena de acontecimientos militares. La primitiva alcazaba musulmana constaba de tres fortificaciones, de las cuales sólo el Alcázar Nuevo, que fue construido tras la conquista castellana, y unos pocos lienzos de muralla diseminados por las faldas del cerro han sido capaces de resistir las embestidas de la historia.

Aún así, el castillo constituye un reflejo del mosaico de las culturas que tras sus muros se protegieron y que le ha hecho pasar de un símbolo de autoridad y defensa a convertirse en uno de los monumentos de mayor interés turístico de la ciudad y un espacio cultural donde la historia cobra vida.

La época islámica

Tras la conquista musulmana de Jaén en el siglo VIII, se inicia la construcción de un amplio sistema defensivo. Se refuerzan las antiguas murallas ibero-romanas, se edifica un alcázar en la cumbre y una alcazaba en la ladera norte del cerro.

La cambiante situación política en los siglos XI, XII y XIII, así como con la cada vez más evidente amenaza castellana daría lugar a importantes transformaciones en la primitiva fortificación. En esta época, se amplía el alcázar con la construcción del Castillo de Abrehuí (un recinto defensivo edificado en el extremo oeste) y se refuerza el Alcázar viejo, situado en el este, el lugar más elevado y estratégico; allí, se edificó una casa palacio bellamente decorada con atauriques policromos y dotados de almacenes, aljibes, cocinas, bodegas y otros servicios necesarios.

La conquista castellana

En 1246, el rey árabe Al-hamar hace entrega de la ciudad al monarca cristiano Fernando III, quien planifica la construcción de un nuevo alcázar, situado en la zona más estratégica del cerro donde se ubicaba el palacio islámico. Sin embargo, serían sus sucesores, Alfonso X y Fernando IV, los que ejecuten las obras del llamado Alcázar Nuevo, fortificación que se corresponde con el actual Castillo. Para su construcción se aprovechó la muralla y la torre de la Vela de la antigua Alcazaba islámico, que fueron revestidos por gruesos muros de mampostería irregular y se le añadieron cinco torres, las dos torres Albarranas, la torre de las Troneras, la torre del Homenaje y la torre de las Damas.

A partir de entonces, la ciudad de Jaén vive su mayor momento de esplendor ya que, no sólo es la frontera sur del reino de Castilla con el reino nazarí de Granada, sino que es la ruta principal de comunicación entre la meseta castellana, el Valle del Guadalquivir y la capital granadina.

Durante estos años, el castillo es testigo de numerosas incursiones nazaríes y de las luchas internas que asolaron Castilla durante los siglos XIV y XV.

Al final de la Edad Media, el Condestable de Castilla y alcaide de la fortaleza D. Miguel Lucas de Iranzo impulsa nuevas reformas como las de la torre del Homenaje y la construcción del molino. Tras la toma de Granada y la desaparición de la frontera, se inicia un marcado declive en la fortificación que culmina en el siglo XVIII.

Hoy en día

De los tres conjuntos fortificados (Alcázar Viejo, Castillo Abrehuí y Alcázar Nuevo) que llegaron a formar la antigua fortaleza, sólo se conserva el Alcázar Nuevo, al que se conoce por Castillo de Santa Catalina. Ha sido el único que, en gran medida, mantiene su estructura original. Sobre la superficie que ocupaba el Alcázar Viejo y el Castillo Abrehuí, se construyó en 1965 el actual Parador Nacional de Turismo que no conserva ninguna estructura original.

Las Leyendas

Santa Catalina: muchos hechos militares de la conquista de al-Andalus se relacionan con actos milagrosos y apariciones. La conquista de Jaén posee también su leyenda; en ella, Santa Catalina de Alejandría se apareció en sueños al rey Fernando III, justo cuando éste estaba a punto de desistir de su cerco a Jaén por las fuertes defensas de la ciudad. Santa Catalina de Alejandría le pidió que prolongara el sitio y le muestra en prenda las llaves de la ciudad. Al día siguiente, Ibn Al-hamar se presentó en el campamento cristiano y le rindió la ciudad.

Santa Catalina es la co-patrona de la ciudad junto con la Virgen de la Capilla, a la que se rinde culto en la Iglesia de San Ildefonso. Casa año, el 25 de noviembre, se celebra una romería en las faldas del castillo en honor de la Santa, donde, tras la misa y la procesión, el día festivo concluye con una comida campera en la que no pueden faltar las sardinas asadas.

La Fuente del Caño Quebrado: Esta fuente, que se encuentra en la bifurcación de la carretera al castillo, era la que abastecía de agua a los moradores del mismo en las épocas de paz.

En tiempos remotos, Jaén estaba gobernado por Omar, hombre valiente y bondadoso, que por esposa escogió a Zoraida, una hermosa mujer venida de tierras lejanas. Vivieron muchos años felices en el castillo, hasta que todo cambió de repente cuando un día el gobernador fue asesinado muy cerca de la Alcazaba y la bella musulmana, no pudiendo superar la muerte de su esposo, es encontrada, una nublada y gris mañana, sin vida en el mismo sitio donde murió su marido.

Centro de Interpretación del Castillo de Santa Catalina

El Castillo de Santa Catalina o Alcázar Nuevo consta de un recinto amurallado, casi triangular, defendido por seis torres, en el cual el visitante tiene la posibilidad de conocer la historia del castillo y de la ciudad. La superficie total alcanza los 3000 m2 de los cuales unos 525 m2 aproximadamente han sido destinados a la exposición.

Se accede al interior del alcázar a través de una puerta abocinada con arco ojival, desde donde nos embarcaremos en un interesante viaje al pasado que descubrirá al visitante las singularidades que algunas torres ocultan y que las hacen únicas con respecto a otras fortalezas.

Una vez dentro nos recibe la Torre del Homenaje que destaca de las demás por sus dimensiones y altura. Se trata de una construcción de planta cuadrada de cuarenta metros de altura, construida con mampostería irregular y esquinas de sillarejo sobre un amplio afloramiento rocoso que ocupa el punto más elevado del cerro. Está dividida en tres pisos a los cuales se accede desde el patio de armas; en el inferior, se ha habilitado una Sala de Recepción y Conferencias. Era el antiguo almacén de la torre excavado en la propia roca que tiene acceso directo desde el patio de armas. Sus cuatro bóvedas de media naranja se apoyan sobre un pilar central. A las dos estancias superiores se accede a través de unas empinadas escaleras.

Las dos poseen unas bellas cubiertas abovedadas de ladrillo y eran las dependencias privadas del alcaide. Desde su azotea se pueden apreciar las más bellas vistas del interior del castillo.

Recorriendo un pequeño lienzo de muralla accederemos a la Torre de las Damas que controlaba la entrada principal del castillo. En su interior hay un salón cubierto por una bóveda de cañón corrida bellamente iluminado por ventanas ojivales con ajimez. La azotea de esta torre también puede ser visitada.

Continuando por el muro Norte, se accede a dos Torres Albarranas, que se encuentran separadas del muro principal por un arco apuntado de ladrillo a modo de puente.

En la primera, se encuentra la Capilla de Santa Catalina de Alejandría, uso singular de una torre, ya que se sacrificaron sus funciones defensivas a favor de las religiosas. Fue mandada construir por el Condestable D. Miguel Lucas de Iranzo en el s. XV para celebrar los esponsales de su hermana.

Desde la pequeña explanada que conduce a la Torre de la Vela y mirando hacia el interior del castillo, se puede aprecia las Excavaciones Arqueológicas llevadas a cabo en el patio de armas superior, donde se han encontrado los cimientos de una casa palacio de época árabe del siglo XI dotado de almacenes, bodegas y otros servicios necesarios, así como dos aljibes de la misma época, un molino del siglo XV y los cimientos del hospital (siglo XIX) construido durante la ocupación francesa.

A continuación encontramos la Torre de la Vela o de la Guardia que forma el extremo de la fortificación.

Tiene planta pentagonal en proa, y aprovecha la única torre islámica de la fortificación, que pude ser utilizada como almacén.

Sobre ésta se habilitó una dependencia adintelada, y encima de ella otra pequeña habitación cubierta con bóveda de cañón apuntada, utilizada como almacén y dormitorio de la guarnición. Debe su nombre a que, desde su azotea, se emitían señales luminosas a otros puestos defensivos del entorno. Desde ella se pueden disfrutar las vistas más sorprendentes del recinto, del entorno natural del castillo y de las vías de la ciudad.

Bajando unas escaleras, justo antes de continuar por el adarve sur, se encuentra la Prisión. Lo que fuera un antiguo almacén de grano en época musulmana y cristiana, fue convertido en calabozo durante la ocupación francesa.

Al recorrer el Adarve (perímetro amurallado del castillo) se puede apreciar, a través de sus magníficas vistas la excelente posición estratégica de la fortificación. Unos paneles explicativos ayudan a identifica el paisaje, destacando las sierras y el mar de olivos que lo circundan.

Bajando las escaleras y atravesando el Patio de Armas inferior se accede a la Torre de las Troneras. Posee la singularidad de albergar en su interior las letrinas de época medieval, instalaciones no muy comunes en los castillos de la época. Evacuaban a través de dos agujeros que tienen una caída de 35 metros al exterior y eran usados como retrete y vertedero de basuras. Teniendo en cuenta la inclinación del pavimento y los desagües, sería utilizada también como aseo y baño.

Destaca el sistema especial de ventilación de malos olores: el aire entraba por la puerta en codo y salía por la pequeña ventana del interior.

Saliendo del Castillo de Santa Catalina a la derecha, un pequeño camino conduce a La Cruz, mandada colocar en el punto más elevado de la ciudad por Fernando III como símbolo de la conquista cristiana de Jaén. Es el único punto del cerro desde donde se puede divisar la Catedral de Jaén y las vistas de la ciudad son magníficas.

Fuente: Excmo. Ayto. de Jaén


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