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Cisternas Romanas de Monturque

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Cisternas Romanas de Monturque

Las Cisternas Romanas de Monturque están bajo el cementerio de San Rafael.

Andalucía es igual a Guadalquivir. El Gran Río de Andalucía, a lo largo de siglos, ha sido el símbolo de la unión de sus pueblos, unificador a través del incesante fluir del tiempo, y a la vez, elemento transformador no sólo del paisaje, de las tierras que cursa, sino del pensamiento, la cultura y las civilizaciones que han pasado  por sus aguas. Con este paseo pretendemos acercarte a diferentes épocas y civilizaciones, que se han servido de la técnica para domesticar el agua, salvar los accidentes que produce sobre el terreno y utilizar su fuerza en beneficio propio.

Descubiertas en 1885 y situadas bajo el actual cementerio de San Rafael, constituyen uno de los ejemplos más sobresalientes de la ingeniería hidráulica en la Hispania romana.

Esta edificación, probablemente de carácter público, tenía como función principal la recaudación y almacenamiento de agua de lluvia, con una capacidad de unos 850.000 litros. Posee planta rectangular, conformada por 3 naves o galerías paralelas, separadas por gruesos muros y cubiertas con bóvedas de medio cañón. Cada una de estas naves se divide en cuatro cámaras o compartimentos, de planta igualmente rectangular, comunicados entre sí mediante pequeñas puertas, rematadas por arcos de medio punto.

En la bóveda de cada uno de estos compartimentos se abrieron una serie de óculos circulares, a modo de tragaluces, para dotar de ventilación a la cisterna.

El agua de la lluvia, procedente de la plaza del foro, entraba por una canalización hacia el interior de la cisterna. Para depurar las impurezas el agua se sometía a un proceso de decantación, en el que el agua iba pasando por varias cámaras unidas por vasos comunicantes hasta llegar al canal de desagüe, donde desde un pozo se abastecían las termas.

Además de esta gran cisterna se conservan en Monturque, al menos otras ocho más, de pequeño tamaño y características similares entre sí, pertenecientes también a época romana.

Están Declaradas Bien de Interés Cultural desde 1996.

Cisternas Romanas de Monturque

Introducción

Las Cisternas Romanas de Monturque, constituyen uno de los más valiosos ejemplos de la ingeniería hidráulica romana en la Península Ibérica. Se trata de una de las obras de aprovisionamiento de agua mejor conservadas de la Hispania Romana, gracias a su descubrimiento tardío a finales del siglo XIX.

Estas Cisternas fueron declaradas Bien de Interés Cultural (B.I.C) por el Decreto 81/1996, de 20 de febrero, que además unificaba en el mismo yacimiento arqueológico, la zona denominada como «Criptopórtico de Los Paseillos», constituyendo en su conjunto una gran zona arqueológica dotada del máximo nivel de protección jurídica que actualmente prevén las leyes sobre Patrimonio Histórico Artístico en España.

Además, se estableció un área de protección en su entorno que goza del mismo nivel de protección legal y que engloba al yacimiento de las termas romanas que se descubrieron al Oeste del Criptopórtico, actualmente soterradas, al propio Criptopórtico y a gran parte del Cementerio Municipal.

Hoy día, las Cisternas Romanas de Monturque son propiedad del Ayuntamiento de la localidad que se encarga de la conservación, mantenimiento y custodia del monumento. Aunque somos todos nosotros los últimos depositarios de tales obligaciones como valedores de nuestro Patrimonio e Historia, símbolo de la identidad de nuestros pueblos.

Cisternas Romanas de Monturque

Origen de las Cisternas

En general, las cisternas romanas constan de conjuntos de receptáculos donde se acumulaba el agua conducida por medio de acueductos, agua de lluvia o vetas en el terreno, pudiendo aunar varios de estos medios para su abastecimiento. Compuestas habitualmente de varias salas, estaban cubiertas con bóvedas de cañón y conformadas por gruesos muros en opus caementicium, recubriendo sus paramentos con una capa impermeable de opus signinum.

El origen de estas construcciones se sitúa en los impluvia de las casas privadas romanas -domus-. En el patio principal de éstas -atrio-, existía un receptáculo de agua que acumulaba y distribuía la misma para uso diario, tomando sus depósitos del agua de lluvia.

Sin embargo, este sistema doméstico no contaba con alternativas para los meses de sequía, de ahí que desde muy pronto las autoridades romanas comenzaran a buscar los medios de dar suministro a toda la población durante la mayor parte del año, teniendo cubierto por otra parte el abastecimiento de lugares de interés público como termas, parques y fuentes. Así, se comenzó a imponer en las urbes romanas de importancia la construcción de las cisternas públicas como contenedores de agau para toda la población.

Cisternas Romanas de Monturque

La Gran Cisterna y el sistema hidráulico del Monturque Romano

El cerro del antiguo Monturque, de 395 metros de altitud, rodeado de terrenos considerablemente más bajos, presentaba numerosas dificultades para la provisión de agua de la población allí asentada. La principal fuente de alimentación de la Gran Cisterna fue el agua de lluvia, recogida y almacenada a través de la disposición del terreno circundante que favorecía las corrientes de agua hacia su interior.

Pero además de la gran cisterna situada bajo el cementerio, se conservan en Monturque al menos otras ocho, de reducidas dimensiones y características comunes.

A la vista de los vestigios encontrados, el cerro de Monturque constituiría el núcleo de asentamiento de la población en aquella época, respondiendo su organización a criterios urbanísticos estudiados. De este modo, la disposición tanto de las pequeñas cisternas, como la ubicación de las termas y del Criptopórtico, informan que sobre la Gran Cisterna de Monturque, se debió situar el foro, o gran plaza, de la localidad, constituyendo esta zona la de mayor monumentalidad de la población.

El Hallazgo

La Gran Cisterna de Monturque fue descubierta casualmente en 1885, cuando con motivo de una epidemia de cólera las autoridades locales se vieron en la obligación de ampliar el antiguo y pequeño cementerio que existía junto a la Iglesia de San Mateo. Como consecuencia de las obras de ampliación y las remociones del terreno salieron a la luz estos vestigios romanos, que se hallaban completamente colmatados de tierra. En aquellos momentos se procedió, de manera totalmente desordenada y sin metodología científica, a su limpieza y vaciado, encontrándose en su interior hachas neolíticas, ánforas y cerámicas romanas, así como una estatua de mármol, materiales cuyo paradero se desconoce en la actualidad.

Desde entonces, se vertieron diversas hipótesis sobre su naturaleza y significado por parte de los eruditos locales y los primeros investigadores. Así, se decía que podían ser unas termas, un cuartel legionario catacumbas, silos o unas dependencias del castillo medieval, muy cercano al recinto, hasta ser identificadas definitivamente como Cisternas Romanas.

Deformaciones

Desde su descubrimiento hasta hoy, las Cisternas han sufrido numerosos cambios de usos y modificaciones visuales, aunque no estructurales.

La entrada original a la Gran Cisterna, por la que accedían los encargados de su mantenimiento y limpieza, estaría situada justo en la nave por donde se entra hoy en día, aunque la escalera de bajada sería de un solo tramo con una pendiente muy pronunciada. Otra deformación sufrida por las Cisternas puede apreciarse en la anchura de los pasos de comunicación de una nave con otra, aumentada en la mayoría de ellos para mayor facilidad y trasiego de personas.

Del mismo modo, fueron ampliados los diámetros de los óculos situados sobre los pasos de comunicación y en la parte superior de las bóvedas con intención, éstos últimos de iluminar el interior de las Cisternas.

Antiguos usos

La mentalidad de la época del descubrimiento y la falta de protección legal sobre monumentos histórico-artísticos propició que las obras del cementerio se llevaran a cabo, incorporando para diversos usos algunas salas de las Cisternas. Así, las tres salas del Sur fueron utilizadas para incorporar un aljibe al cementerio, una sala con nichos a modo de panteón, de la cual aún se conservan los surcos excavados en la pared para la colocación de las sepulturas, y otra a modo de gran osario donde se depositaban los restos humanos amontonados.

Las Construcción de la Gran Cisterna

La construcción de una gran castellum aquae como éste refleja una excepcional maestría técnica, sin duda superior a la necesaria para la erección de los monumentos públicos romanos más conocidos. Circos, teatros, templos y termas se sostenían en cierto modo por sí mismos; las cisternas, en cambio, debían además resistir la presión interna del agua que contenían.

A las dificultades de construcción inherentes a ese problema, se añadía la necesidad de concebir sistemas y circuitos de decantación, la de luchar contra los perjudiciales efectos de una continua presencia de agua y la de imperbeabilizar perfectamente las instalaciones.

El uso de la bóveda, heredada de los etruscos por los romanos, supuso uno de los pilares básicos de la construcción de cisternas. El procedimiento para su construcción consistía en colocar una cimbra de madera, con la forma de la bóveda, que se apoyaba sobre los muros ya construidos, y dentro de la cual se vertía a granel el opus caementicum que constituiría el muro principal. Después se procedía al enlucido con opus signinum, como en el resto de los paramentos para su impermeabilización.

El Método

La construcción de una cisterna de esta envergadura constituía un colosal esfuerzo tanto humano como técnico, así como para el erario de las urbes romanas. Normalmente, el lugar donde se iba a colocar la cisterna se excavaba en extensión para dejar el hueco en el terreno. Para el levantamiento de las paredes los romanos utilizaron un sistema de encofrados de madera que sistemáticamente iban rellenando de opus caementicium hasta alcanzar el alto de lpared deseado. Para las cubiertas, utilizaron unas cimbras o armazón de madera dispuestas de tal forma que la bóveda adquiriera su forma final. Posteriormente, se procedía al enlucido impermeabilizante de las paredes mediante laaplicación de una capa de opus signinum. Como último gran paso, se recubría toda la obra con la tierra antes extraída, nivelando el terreno para poder utilizarlo con otros usos.

Cisternas Romanas de Monturque

Descripción de Vitruvio

«[… se recogerá el agua de los tejados o de lugares más elevados, mediante unas obras realizadas en mortero de Signia…], y una vez realizado el opus signinum, [… se apisonará con pilones de madera guarnecidos con hierro toto el foso, hasta el nivel de profundidad deseada. Después de apisonar las paredes, se vaciará la tierra que quede en medio hasta el nivel inferior de las paredes. Aplanado todo, se apisonará el suelo hasta lograr el grosor prefijado. Si se hicieran dos o tres cisternas, de modo que se pueda trasvasar el agua de una a otra, se conseguirá que el agua sea más salubre y agradable para su uso; efectivamente, al reposar el limo en el fondo, el agua quedará más clara, conservando su auténtico sabor, sin olores extraños; de lo contrario, es preciso añadir sal y posteriormente filtrarla…].

El Canal de Desagüe y el Pozo de las Cisternas Romanas de Monturque

Toda cisterna o depósito de agua romano disponía de una salida para el agua que allí se había acumulado. La monumentalidad de las Cisternas de Monturque se ve reforzada con su canal de desagüe de 28 m. de longitud, 0,84 m. de anchura y 5,10 m. de altura.

En torno a la mitad del recorrido de esta prolongación, se produce una desviación de la misma sobre unos 45º hacia el Este. La interpretación que se viene haciendo de este camino brusco de dirección, nada común en los sistemas de desagüe de los grandes castella, es que la Cisterna abasteciá principalmente a los baños públicos que se situaban muy cerca de la finalización del canal, donde se localiza el pozo.

Del sistema de elevación del agua hasta la altura del nivel del suelo, no de han encontrado vestigios arqueológicos fidedignos. Sin embargo, la interpretación que se hace, por analogía con otros castella aquae, es que se pudo utilizar alguno de los sistemas expuestos por Vitruvio en Los Diez Libros de Arquitectura, concretamente, un sistema de elevación compuesto por una soga o cadena de cangilones.

[…Se construirá una rueda en torno al eje, del tamaño que se adecue a la altura exigida. En el perímetro circular de la rueda se fijarán unas cubetas, protegidas con pez y con cera. Cuando la rueda comience a girar por la acción de los hombres que la voltean con sus pies, las cubetas llenas de agua, elevándose hacia lo alto y descendiendo hacia la parte más baja, derramarán en el depósito la cantidad de agua que hayan recogido. Pero, si se tuviera que suministrar agua a lugares más elevados, se colocará en torno al eje de la misma rueda una rueda con doble cadena de hierro, que llegue hasta el nivel más bajo, y se colgarán en la cadena unas cubetas de bronce, con una capacidad de un congio (3,3 litros). Así, al ir girando la rueda enrollará la cadena en torno al eje, lo que provocará la elevación de las cubetas hacia lo alto, y cuando alancen el eje, forzosamente se darán la vuelta y derramarán en el depósito el agua que hayan elevado.]

Vitruvio, De Architectura, X, 4

Vitruvio

(s. I a.C.) Arquitecto y tratadista romano. Su notoriedad se debe en exclusiva al tratado De Architectura. La obra, dedicada a Augusto, se dividió en diez libros, los siete primeros dedicados a arquitectura mientras que los tres restantes lo hacen a la hidráulica, cronometría y maquinaria. Conocida y empleada en la Edad Media, su edición en Roma en 1486 ofreció a los artistas del Renacimiento un canal privilegiado mediante el cual reproducir sus formas arquitectónicas. Posteriormente, se publicó en la mayor parte de los paises y todavía hoy constituye una fuente documental insustituible.

Cisternas Romanas de Monturque

Ingeniería Hidráulica Romana

En los primeros años de la República romana, los gobernantes emprendiero una tarea que veinticinco siglos después quedaría aún por realizar en muchos lugares del mundo: decidieron que todos los ciudadanos de una ciudad cuyo destino prometía ser excepcional, dispusiera diariamente de agua pura para su uso y consumo.

Sin imaginar que el agua pudiera  convertirse en un lujo o un placer, sólo asignaron a las primeras traídas la misión de ser útiles a la vida de los ciudadanos. En la mente de los romanos, este principio seguiría siendo válido en todo tiempo y, aun en la época de los jardines, termas y bosques decorativos, los acueductos llevaban con prioridad el agua a las antiguas fuentes públicas, cuyo número iría aumentando sin cesar.

Para llevar a cabo todo este entramado, los romanos idearon un sistema de abastecimiento de agua a la ciudad que se dividía en captación de agua, conducción del agua, recepción y distribución del agua, y saneamiento del agua.

Para la dificil tarea de la captación de aguas, los romanos dominaron el cauce de los ríos mas caudalosos de Hispani, mediante la utilización de presas que controlaban el exceso de caudal en invierno y garantizaban cantidad de agua suficiente para los meses estivales.

Dominada el agua mediante presas, se hacía imprescindible su conducción a las ciudades. Para ello, los romanos utilizaron los acueductos, que mediante la fuera de la gravedad trasladaba el agua desde lugares más elevados hacia los más bajos, salvando los desniveles de terreno mediante sifones y grandes arcadas.

Una vez llegaba el agua a la ciudad era almacenada, generalmente en cisternas de diversa capacidad, para después distribuirla a las termas, fuentes, palacios y casas mediante tuberías de plomo o cerámica.

El agua, después de su uso, debía volver a la naturaleza para la depuración de la ciudad. Para ello, los romanos idearon una compleja red de cloacas subterráneas que evacuaban el agua sucia después de su utilización y la vertían a los ríos cercanos, cerrando el círculo natural del abastecimiento del agua a las ciudades.

El agua de lluvia

En el Imperio Romano el agua fue considerada un importante recurso, no sólo necesario para la vida, sino fundamentalmente para el desarrollo de su civilización. Por ello, desde los primeros momentos de esplendor de Roma, el agua constituyó una preocupación esencial en la forma de ampliación de los territorios, determinando emplazamientos cercanos a los cursos fluviales.

El acopio de agua que se llevaba a cabo en estas Cisternas provenía en exclusiva del agua de lluvia, que era drenada por la disposición del terreno.

Los romanos consideraron el agua de lluvia como una de las más puras para el consumo humano y más adecuada para el abastecimiento de los lugares públicos, por creerla más saludable e higiénica que la que podían encontrar en manantiales o en el subsuelo.

Vitruvio hablaba así del agua de lluvia: «El agua que se recoge procedente de las lluvias posee unas propiedades más salubres, ya que es el resultado de los más sutiles y más finos elementos que proceden de todas las fuentes y manantiales; se trata de un agua filtrada por el movimiento agitado del aire, que cae sobre la tierra licuándose por las tormentas…»

Higiene del Agua. La Decantación

Una vez dentro de los depósitos, el agua de lluvia debía ser saneada y purificada, pues en su trayecto hasta el interior de los mismos arrastraba impurezas, tales como lodos y limos que se formaban en las propias conducciones de entrada o procedentes desde el exterior.

Para ello, los romanos utilizaron el sistema de decantación, descrito así por Vitruvio: «…si se hicieran dos o tres cisternas, de modo que se pueda trasvasar el agua de una a otra, se conseguirá que el agua sea más salubre y agradable para su uso; efectivamente, al reposar el limo en el fondo, el agua quedará más clara, conservando su auténtico sabor, sin olores extraños…».

Aquí se encuentra una de las causas que propició que las cisternas romanas se construyeran mediante el sistema de repetición y adosamiento de naves: facilitar el trasiego del agua de una nave a otra y la disposición de las impurezas en el fondo mediante la inclinación del terreno. Además, las puertas de conexión y los rebosaderos de las grandes cisternas estuvieron provistas de rejas y rastrillos que impedían el paso de residuos de mayor tamaño.

Elementos constructivos de la Gran Cisterna

En la construcción de la Gran Cisterna Romana de Monturque se emplearon, básicamente, dos componentes: el hormigón (opus caementicium), que se utilizó para construir las paredes, y la argamasa (opus signinum), utilizada para su enlucido y que servía para impermeabilizar el edificio impidiendo las fugas de agua.

El opus caementicium

El opus caementicium, compuesto de cal mezclada con tufo, arena o guijos, se asemeja a nuestro actual hormigón, base de cualquier construcción. En las Cisternas de Monturque su utilización debió efectuarse mediante su inmersión en encofrados de madera, de anchura igual a los actuales muros, que se irían elevando en altura, hasta alcanzar el inicio de la bóveda, una vez que el primer tramo de aplicación del camenticium se hubiese secado. La técnica empleada en las obras romanas para su aplicación es muy similar a la que actualmente se utiliza en nuestras obras.

El opus signinum

Este tipo de mortero, compuesto de una parte de cal, otra de arena fina de río y una tercera de polvo de ladrillo, se utilizó en la Gran Cisterna de Monturque como enlucido del opus caementicium. Una vez que el muro ya estaba terminado y adquiría consistencia su secado, se aplicaba este revoque de terminación del muro, cuya característica principal era impermeabilizar la edificación. Así, con su aplicación, se reducían las posibles fugas de agua en las construcciones hidráulicas, pues también se utilizó como revestimiento de canalizaciones, arquetas o acueductos.

El Cordón Hidráulico de las Cisternas Romanas de Monturque

El cordón hidráulico estaba íntegramente realizado con opus signinum y se usaba, básicamente, para eliminar las zonas débiles, a efectos de fugas de agua, como eran las uniones entre las paredes y el suelo.

Así pues, su función principal venía condicionada por asegurar la impermeabilidad de las cisternas, pero su forma redondeada también facilitaba las labores de limpieza y mantenimiento del edificio, pues eliminaba los ángulos vivos de esas intersecciones. La Cisterna de Monturque conserva, casi intacto, la totalidad del cordón hidráulico que bordea el perímetro inferior de todas sus naves.

Fuente: Cisternas Romanas de Monturque. Ayto.de Monturque

(La visita a la Cisternas Romanas de Monturque es altamente recomendada)

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