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Pueblos de Córdoba

El Guijo

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El Guijo – Comarca de los Pedroches

El Guijo es un pequeño municipio perteneciente a la Comarca de los Pedroches, al norte de la provincia de Córdoba, limítrofe con la de Ciudad Real, siendo las dehesas de encinas dedicadas a la ganadería el elemento casi total de su paisaje.

Entre estas verdes tierras se ubica un pequeño núcleo urbano desparramado en medio de la llanura y que conserva las características arquitectónicas de su comarca.

Los orígenes de El Guijo debemos situarlos entre finales del S. XII y principios del S. XIII, cuando los habitantes de El Villar de Santa María, localizado en el Cerro de Majadalaiglesia, abandonaron dicho lugar, causado posiblemente por la invasión islámica.

Es en la Edad Media cuando se hace mención por primera vez a El Guijo, efectuada por Alfonso VIII el 22 de Septiembre de 1189,  hace referencia a la delimitación de los términos jurisdiccionales que pertenecían en la zona a la Orden de Calatrava: «….apud Guixo quod est super El Villar de Santa Maria….» «…. la cabeza de El Guijo que está sobre El Villar de Santa Maria…».

Calificado como «lugar» a finales del S. XIII, su población se integró dentro del Señorío de Santa Eufemia, a cuya evolución quedó ligado durante los siglos XIV y XV.

Durante los siglos posteriores, El Guijo tuvo gran importancia a nivel ganadero, ya que por su término pasaba la Cañada de la Mesta y además en él tenía lugar la recaudación del derecho de pasto de los rebaños que entraban en el Obispado de Córdoba.

Posiblemente el cortijo existente en el Cerro de Majadalaiglesia, está ubicado en el mismo lugar donde en otros tiempos se encontraba El Villar de Santa Maria, origen de los primeros guijeños.

Monumentos en El Guijo

Parroquia de Santa Ana s. XVI.

Ermita de la Virgen de las Cruces s. XVI.

Yacimientos Arqueológicos

Yacimiento arqueológico de Majadaiglesia.

Pila bautismal paleocristiana de la ermita de la Virgen de las Cruces.

Gastronomía de El Guijo

Relleno (los ingredientes de este sabroso embutido son jamón, carne, huevos cocidos y crudos y perejil).

Dulces: La rosca de piñonate (sus ingredientes son huevos, azúcar, aceite, zumo o raspadura de limón, harina, leche y miel).

Cómo llegar a El Guijo

Salir de Córdoba. Continuar en: N-432. Travesía de El Vacar. Seguir indicaciones hasta Alcaracejos. Una vez cruzado Alcaracejos tomar A-423 y atravesar Pozoblanco. Continuar en: CP-103 y seguir hasta El Guijo.

Distancias

Córdoba 97 km
Pedroche 8,5 km
Conquista 29 km
Dos Torres 16 km
Pozoblanco 15 km
Alcaracejos 25 km
Torrecampo 11 km
Santa Eufemia 18 km
Villanueva de Córdoba 26 km

Ruta del Soto del Arroyo Santa María en El Guijo

El recorrido, de unos 7.5 kilómetros de distancia, conduce desde el pueblo de El Guijo hasta el paraje de El Soto, donde se localiza la ermita Virgen de las Cruces. Se inicia cerca del lugar donde se unen la Cañada Real Soriana y la Cañada Real de la Mesta, las dos vías pecuarias más importantes que surcan el norte de la provincia de Córdoba. De hecho, la importancia de esta pequeña población que estuvo integrada en el antiguo señorío de Santa Eufemia, radicó en que fue el lugar donde se cobró durante siglos el derecho de pasto a los ganados transhumantes que entraban en el obispado de Córdoba. La primera mención de El Guijo es del siglo XII, como mojón de delimitación de los términos jurisdiccionales que pertenecían en la zona a la orden de Calatrava, efectuada por Alfonso VIII en 1189, aunque, como tendremos ocasión de comprobar al final del recorrido el término municipal estuvo poblado desde épocas prehistóricas, y en él se localizan yacimientos arqueológicos de importancia excepcional.

A lo  largo del recorrido podremos apreciar el paisaje fundamental de toda la comarca de Los Pedroches, la Dehesa, que conforma unas explotaciones agrarias que se desarrollan al amparo de la encina y cuyo rasgo más destacado es la coexistencia en ellas de los aprovechamientos agrícolas y ganaderos, estos en régimen extensivo y de equilibrio entre las especies bovina, ovina y porcina. El matorral es escaso y se compone fundamentalmente de la retama, planta que contiene un alcaloide, la retamina, que le da un sabor amargo, lo que la hace muy poco apetecible para el ganado, que por el contrario si que come sus frutos ayudando de esta forma a la dispersión de las plantas. De hecho, encontrar en esta zona un cordón de retamas es signo indiscutible de que estamos ante un camino ganadero. Conforme nos alejamos del pueblo van apareciendo otras especies, como cantuesos, aulagas y jaras pringosas. Estas últimas forman apretadas formaciones jarales en las cercanías del cortijo del Charco de la Rosa. El arroyo de los Morales, cerca del final del recorrido, se cubre de tamujos y en menor medida de adelfas.

Numerosas especies de aves prosperan por estos encinares. En las zonas más despejadas de arbolado son frecuentes los trigueros, cogujadas y collalbas. En los matorrales se escucha el insistente y monótono reclamo de las currucas. Por todas partes podemos observar palomas torcaces, urracas, perdices, abubillas, abejarucos, alcaudones comunes, cuervos, ratoneros, milanos, cernícalos y sobre todo rabilargos. El carácter colonial de este bello córvido, unido a su comportamiento ruidoso, llamará poderosamente la atención del caminante. La cercanía de sierras como las de la Umbría de Alcudia, al sur de Ciudad Rea, o la propia sierra de Santa Eufemia, propician que numerosas rapaces acudan a estos parajes a aprovechar su enorme riqueza trófica. Así que, si levantamos la vista al cielo, no es raro que observemos el vuelo de algún águila real, perdicera, culebrera o calzada, y también de buitres leonados y negros.

El Paraje de El Soto

En las cercanías Virgen de las Cruces, templo cuya existencia está documentada en el siglo XVI y que debe datar de esta centuria, aunque reformado en época barroca, se han desarrollado diversas culturas a lo largo de la historia. Así lo demuestra el gran número y riqueza de restos arqueológicos localizados. El yacimiento de Majadaiglesia, por ejemplo, es el lugar donde las tendencias actuales ubican la antigua ciudad romana de Solía, cuyo territorio se extendería hacia el norte, ocupando el término de Santa Eufemia, y hacia el sur, hasta las proximidades de Villanueva de Córdoba. En la ermita se conserva un baptisterio paleocristiano, que revela el destino sagrado que ya tuvo este lugar en la antigüedad. El propio museo arqueológico provincial guarda diversas piezas encontradas aquí como un ara de sacrificio romana y restos de utensilios de la prehistoria.

Cuando llega la primavera, en el soto de olmos y chopos una veintena de parejas de cigüeñas blancas se afanan en sacar adelante su pollada, y el crotoreo, característico sonido producido por el entrechoque de sus picos, resuena en el valle del arroyo de Santa María, interesante curso de agua que fluye cubierto por una densa formación de sauces. La presencia de este arroyo de importante caudal durante buena parte del año permite la observación de aves acuáticas, como garzas reales, pollas de agua o ánadas reales; que junto al Martín pescador, el ruiseñor, la oropéndola y un sinfín de pequeños pajarillos alegran el paisaje con sus cantos y reclamos. En algunos tramos es posible encontrar huellas y excrementos de nutria.

Muros de piedra

El término Guijo hace referencia a “Conjunto de piedras pequeñas y desgastadas por la erosión”, y no en vano estos trozos de roca constituyen un elemento fundamental del paisaje de Los Pedroches.

Nos encontramos en la zona de contacto entre los materiales graníticos que constituyen el armazón central de Los Pedroches, y los sedimentarios, que conforman una banda de pizarras carboníferas adosadas a los anteriores. Ambos materiales rocosos son la materia prima de la que están hechos los cercados de piedra que suelen compartimentar las dehesas.

El origen de los cercados a finales del siglo XIX y comienzos del XX se debió principalmente a dos tipos de causas: unas, del tipo funcional, y otras, de afirmación de la propiedad. Las primeras se basan en la utilidad que las cercas podían tener para el fortalecimiento de la actividad pecuaria. El cercado perimetral evitaba que el ganado propio invadiera el terreno ajeno y viceversa. Además, con cercas interiores se podía realizar bajo una misma linde, pero distintas parcelas, aprovechamientos agroganaderos variados. Por otro lado, a la vez que se levantaban estas primorosas construcciones, se quitaban de en medio las piedras, para que no estorbaran luego al arado.

Fuente: Ayto. de El GuijoDiputación de Córdoba


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