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Pueblos de Huelva

Los Marines

Pueblos de Huelva

Los Marines

El pueblo onubense de Los Marines se ubica en la carretera que une Aracena con Portugal, en el centro del Parque Natural de la Sierra de Aracena y los Picos de Aroche, uno de los espacios protegidos más importantes de la Comunidad y que ocupa todo el norte de la provincia con sus dehesas y pequeñas elevaciones cubiertas, predominantemente, de bosques de encinas, alcornoques, castaños y monte bajo, por donde cursan numerosos arroyos, conformando un paisaje de extraordinaria belleza y atractivo, ideal para la ganadería, especialmente para el cerdo ibérico, que encuentra aquí unas condiciones ideales.

Su casco urbano, al igual que la Iglesia de Ntra. Sra. de Gracia están catalogados como Bienes de Interés Cultural.

Los Marines tuvo la fortuna de nacer como tierra prometida para austeras gentes venidas de Galicia. Efectivamente, el poblamiento, acaecido en el siglo XIV, fue realizado por hombres del valle del Sil (Santiago y Santana, 1985), guiados por los hermanos Marín, probablemente de la ciudad del mismo nombre, en la que hoy es provincia de Pontevedra.

De esta forma, la toponimia contiene numerosos nombres de origen gallego, tales como Balambas, Los Garridos, El Palero, Valdelama, Las Torneras etc. (Recio Moya, R., 1994).

Poco a poco, los caseríos dispersos dieron lugar al poblado de Los Marines, que en el siglo XVI tiene ya iglesia bajo la protección de la Virgen de Gracia.

Los hombres de ganaban el sustento con la práctica de actividades agroganaderas, cazadoras y recolectoras.
Durante el siglo XVII, esta villa soportaba la férula de Aracena. Seguramente, dado el contexto de crisis, una lucha sorda por la supervivencia impregnaría todos los aspectos de la vida, y la atonía general se alargaría por el siglo calamitoso. Sólo una noticia viene a romper el silencio, en 1630 se incorpora la Pila Bautismal que todavía aparece en la iglesia parroquial.

En general, Los Marines corrió la misma suerte de Aracena, donde se concentraba las riquezas y los dueños de la tierra, pero desde una posición de estrechez, “porque el nivel de pobreza aumenta desde Aracena hacia sus aldeas” (Candau Chacón, 1988 ; 403).

Hasta mediados del siglo XVII fue tierra de realengo del Consejo de Aracena en el reino de Sevilla. Hacia 1640 pasa a jurisdicción señorial, tras la donación hecha por Felipe IV al Conde Duque de Olivares, don Gaspar de Guzmán, para pagar los servicios prestados en la batalla de Fuenterrabía.

Después de la muerte del Conde Duque en 1645, el Señorío pasa al Conde de Altamira y Marqués de Astorga, que se intitula Príncipe de Aracena hasta 1812.

El siglo XVIII, denominado de las luces, va a ser testigo del afianzamiento y consolidación de la villa. El licenciado don Juan Simón Zapata Coronel, en su Descripción etimológica y comprendió del Principado de Aracena, incluye a Los Marines como aldea, distante una legua de Aracena “en el camino de la villa del Castaño, con 36 vecinos, que cogen algunas frutas y vinos, y gran número de castañas”.

Realmente Los Marines empezaría a ser conocido por su riqueza agrícola, en un contexto comarcal no muy apto para la misma, pero donde estaba habiendo una cierta presión demográfica, detectada en la expansión de olivos e higuerales y en las propias Ordenanzas Municipales, que “prestan encarecido cuidado a las viñas, protegiéndolas del ganado y de las manos del hombre” (González Sánchez, 1988 ).

A pesar del tímido renacer, Los Marines era una de las aldeas de Aracena más pobre, pues su parroquia contaba con un presupuesto oscilante entre los 200 y 300 reales anuales, frente, por ejemplo, a la iglesia de La Asunción, en Aracena, que contaba con 15.000 reales.

Sin embargo, la iglesia contribuyó, de forma notoria, a la consolidación y evolución del asentamiento, pues, como consecuencia de unas “misiones cuaresmales”, predicadas por el misionero Joan Calbo, “la aldea de Los Marines logró que Aracena accediese a garantizar la presencia permanente de la Eucaristía en el sagrario de su iglesia… como agradecimiento el pueblo, el 31 de agosto de 1705 constituyó la Hermandad Sacramental” (Mora Galiana, 1996). Esta, además de las funciones religiosas, se responsabilizó de la fiesta del chopo, que se celebra desde hace más de 100 años en la víspera del Corpus y data de tiempo inmemorial, estando ligada, probablemente, a los primeros pobladores gallegos.

La continua descapitalización y merma que la capital del Principado ejercía sobre sus aldeas (Candau Chacón, 1988), con vejaciones, gravámenes, molestias del Corregidor, extorsiones de familias y bienes…, animó a Los Marines a pedir continuamente la independencia de Aracena.

Así, en 1753 se atrevieron a demandar a la Condesa de Altamira permiso para rogar al rey Carlos III la gracia de “exempción y liberación de tantas opresiones” (Santiago y Santana, 1985).

Al fin, el 7 de Febrero de 1768, el Rey concede el título y Privilegio de Villa a Los Marines, eximiéndola de la jurisdicción de Aracena. Sin embargo, no fue una concesión gratuita, porque sus 78 vecinos tuvieron que pagar 585.000 maravedís de vellón, a razón de 7.500 por cada vecino, para librarse del cerco de Aracena.

Pero la independencia no salvó a Los Marines de las dificultades de subsistencia. En continua lucha, con un medio pobre, no tenía “bienes propios” con que sufragar los servicios municipales o las penurias de sus vecinos. Esta carencia fue satisfecha parcialmente a partir de 1775, en que el Rey concede a Los Marines una Real Provisión con 150 fanegas en la dehesa de Propios de Aracena.

Estos bienes solucionaron ocasionalmente la demanda alimentaria de los vecinos, que recibían por sorteo “suertes” tierras con que socorrer las precarias economías agrícolas (A.M.M., 1787 ; Leg. 53). Parcialmente solucionados los problemas del sustento, Los Marines entra en el siglo XIX padeciendo dos desastres : la guerra y la enfermedad.

La guerra de la Independencia, que trajo la ocupación y saqueo del pueblo, el 26 de mayo de 1810, por las tropas francesas, causó enormes estragos, principalmente en la iglesia, que vio arder sus archivos y fue convertida en cuartel (Lasso, 1991).

Esta contienda debió de suponer una merma importante para los bienes de municipales, porque ya en 1811 se produce un “remate de varios pedazos de la dehesa de propios y suertes de postura de castaños” (A.M.M., 1811 ; Leg. 54).

La enfermedad, compañera diaria del Antiguo Régimen, estuvo presente en los Marines en dos brotes epidémicos de cólera morbo, que diezmaron la población. Buscando alguna esperanza contra la peste, en Los Marines se hizo la fiesta del Voto en honor a la Virgen de Gracia, que se celebra el 8 de septiembre.

Durante el siglo XX, Los Marines transita entre una lucha por la supervivencia y un avance hacia la modernidad. Ello le supone una importante sangría demográfica, que no puede atajar una agricultura arcaica, incapaz de mecanizarse y con fuertes trabas comerciales en un contexto comarcal de retroceso económico y poblacional.

Huertas y castañares no pueden mantener a una población que, aunque crece a ritmo muy lento, tiene unos estrechos límites municipales. Muy pronto se observa que la capacidad de sustento de tan menguado término sólo da para unas 500 personas. Desde principios de siglo, la población empieza a emigrar, primero al espacio próximo de las Minas de Riotinto y Sevilla, y después a otros más alejados.

El sigiloso y frío “cuchillo del hambre” entró en cada familia de Los Marines. La agravada situación económica intensificó los problemas sociales (Lasso, 1991), allí donde no había nada que repartir, porque la tierra, fuente de vida, estaba excesivamente fragmentada.

Así en 1959, abiertas las puertas, tras la etapa autárquica que vive el país después de la guerra civil, Los Marines no sabe ni puede retener a sus gentes, y pierde casi el 50 por 100 de su población.

Sin embargo, la esperanza se abre, quizás por los que se quedaron, quizás por los que volvieron, tal por los que nunca estuvieron y ahora están. Quizás por la exótica pareja inglesa Chersterton que, desde la finca Buen Vino, apuesta por el turismo de calidad. Los Marines, un paraíso de la Sierra por descubrir, tiene ante sí el duro reto de continuar la historia.

Monumentos

Conjunto Histórico-Artístico.

Fuente Lavadero

Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de Gracia, siglo XVIII.

Urbanismo

Viviendas, siglos XVIII y XIX.

Gastronomía

Migas con patatas. Embutidos.

Cómo llegar

Desde Huelva:

  • Saliendo dirección Sevilla por la autovía A92 encontrará, a unos 15 km, la salida San Juan del Puerto-Trigueros.
  • Tomando la dirección de Trigueros pasará por algunos pueblos como Beas y Zalamea la Real.
  • Tras pasar este último pueblo, tendrá dos opciones:
    • tomar el desvío hacía Riotinto y llegar hasta Aracena
    • o bien, continuar por la Nacional 435 y, tras pasar el cruce de Jabugo, tomar la dirección Sevilla.
  • Tras atravesar Galaroza y los desvíos de Fuenteheridos y Valdelarco, llegará al desvío señalizado como Los Marines

Distancias

A Huelva 108 km
A Aracena 6,5 km
A Jabugo 15 km
A Aroche 36 km
A Cortegana 22 km
A Fuenteheridos 5 km
A Galaroza 9,5 km
A Sevilla 94 km

Sendero Alto de El Chorrito


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