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Parques Naturales de Andalucía

Monumento Natural Quejigo del Amo o del Carbón

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Monumento Natural Quejigo del Amo o del Carbón – Valdepeñas de Jaén

El Monumento Natural Quejigo del Amo o del Carbón se localiza en el municipio andaluz de Valdepeñas de Jaén, cerca del Embalse de Quiebrajano.

El Quejigo del Amo o del Carbón se encuentra a pocos kilómetros del la localidad jienense, dispone de 12 metros de perímetro, seguramente uno de los mayores de la comunidad andaluza, su edad se calcula en más de 500 años. El Quejigo del Carbón fue objeto de continuas podas con el fin de obtener madera para hacer carbón.

El Carbonero, necesidad y tradición

Imagínese un mundo en el que no existiera ni el petróleo, ni el gas, ni la electricidad. ¿Cómo podríamos calentarnos o cocinar? Puesta esta pregunta tenia fácil respuesta hace tan solo unos años: el carbón y el picón.

En la actualidad este trabajo no se realiza, por la existencia de diversas fuentes de energía. El espectacular quejigo que tiene frente a usted, presenta las secuelas de una actividad tradicional, como ha sido el carboneo. Manifestándose en la cicatrización y diferencia evidente en el tamaño de sus viejas y jóvenes ramas, alterando su aspecto natural.

Cuentan los vecinos de la zona que el amo solía descansar y refrescarse bajo su sombra, por ello se le conoce como Quejigo del Amo. Las reiteradas podas realizadas en el tenían la finalidad de producir gran cantidad de leña, para después transfórmala en carbón, de ahí el otro nombre por el que se le conoce, Quejigo del Carbón.

El carbón vegetal obtenido de encinas y de quejigos ha sido durante miles de años el mejor combustible de uso doméstico, procurando al as gentes inviernos más llevaderos y fuego para sus cocinas.

En la elaboración de una carbonera se compactaba el terreno para evitar la entrada de aire, ya que la existencia de corrientes dificultaba el control del fuego. Seguidamente se apilaba la leña, rellenando los huecos con los palos más menudos. Tras terminar con el paliado de la leña, se tapaba con retamas, juncos, etc., cubriéndoles con una capa de tierra para evitar la combustión rápida.

Una vez construida la Carbonera se prendía fuego y con un tizonero (una vara larga) se pinchaba la superficie del horno, abriendo huecos para controla la entrada de aire.

Tanto el aire, como el agua o la propia eran muy importantes para interrumpir la combustión en el momento que se había carbonizado la leña. Este se alcanzaba cuando la madera perdía la humedad y se encontraba totalmente negra.

Para finalizar el proceso se tapaba toda la carbonera con tierra y se dejaba tres o cuatro días para que se apagara. Después de su apagado, se desmontaba la carbonera y se cargaban los sacos de carbón en mulas para su transporte a los puntos de venta y distribución en las carbonerías de los pueblos y ciudades.


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