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Pueblos de Huelva

Niebla

Pueblos de Huelva

Niebla, Condado de Niebla

Niebla, Villa milenaria, antigua capital del Condado de Niebla, que se levanta en una colina sobre el Río Tinto, dentro de un recinto jalonado de torres de planta cuadrada y octogonal y que constituye un conjunto de gran belleza y una de las poblaciones más bonitas de Huelva.

Niebla limita con los municipios vecinos de Valverde del Camino, Bonares, Lucena del Puerto, Rociana, Paterna del Campo, La Palma del Condado, Villarrasa, Beas y Trigueros.

La ciudad intramuros conserva parte de su antiguo trazado, y entre sus monumentos cabe destacar El Alcázar de los Condes de Niebla, la Mezquita, la Iglesia de Nuestra Señora de la Granada, la Iglesia de S. Martín y el Hospital de Santa María. Fuera del recinto el Puente y el Acueducto romanos.

A la diversidad paisajista de su territorio, se une una rica y compleja sucesión de culturas históricas, que han hecho trascender su nombre al mundo entero.

En el punto más alto de la navegabilidad del río, Niebla fue el destino de la producción minera del Andévalo y los excedentes agrícolas de la Campiña, a la vez que centro estratégico en las comunicaciones entre Sevilla y el Algarve, sobre todo cuando, desde época romana, se levante el puente que aún permanece en el recodo que forma el río.

Estas condiciones explican que, ya desde finales de la Edad del Bronce, Niebla destaque política y económicamente como uno de los centros hegemónicos de la Tierra Llana de Huelva. En los cimientos milenarios de sus murallas están las huellas. La proverbial riqueza del mar próximo y sus minas, junto a la situación de enlace entre el mundo mediterráneo y el atlántico, atrajeron hacia la actual región iliplense a las colonizaciones marineras del Mediterráneo oriental, que dieron lugar a la Turdetania de la historiografía clásica; es decir, la población que habitaba la costa entre el Betis y el Anas: un rosario de poblaciones y puertos fortificados y de intercambio, con un nivel tal que, cuando la conquista romana, al decir de Antonio Delgado, «se suponía tenían leyes en verso de una antigüedad increíble». En esta época la ciudad aparecerá rodeada por una muralla de piedra que delimitaba un pequeño cerco situado en la zona N-E del conjunto monumental, estando el resto ocupado por talleres metalúrgicos y, tal vez, por zonas de cultivo.

A partir de los inicios del siglo II a.C., el territorio se romaniza profundamente. Ilipla continúa ejerciendo su papel de liderazgo en el extremo occidental de la Bética, acuñando moneda con su propio nombre. Entre la actual Puerta de Sevilla y el río aparece un tramo de muralla de piedra, con torres macizas dispuestas a intervalos regulares, que bien pudo corresponder al trazado murario de la ciudad romana, al igual que numerosos restos hallados en distintas excavaciones o reutilizados en obras posteriores.

En el periodo visigodo, Elepta alcanzaría aún un mayor prestigio religioso y militar, y la ciudad se convierte en sede episcopal. De hecho, sus prelados asisten desde el año 590 a los concilios de Toledo y, en el interior de la ciudad, numerosas muestras arquitectónicas caracterizan la nueva situación. Incluso se conserva una silla en piedra que la leyenda identifica con la cátedra de los obispos iliplenses.

Pero quizá la época más conocida y brillante de Niebla corresponda a los siglos de dominio musulmán. Cuando en el año 756 Abd-al-Rahman I se hace con el poder de al-Andalus, la ciudad y su cora se integran en el emirato cordobés, construyéndose entre estos momentos y el periodo califal un nuevo y definitivo recinto amurallado.

La historia de Lebla, durante el periodo islámico, es muy brillante política, económica y culturalmente. No hay más que leer los textos árabes más prestigiosos de la época para conocer el esplendor de esta «ciudad roja», admirada incluso desde el mismo Bagdag. Durante la fitna, desmembración que supone el final del califato omeya, la dinastía de los BeniYahya se hace con el poder de la ciudad, convirtiéndose Yahsopi en rey taifa independiente en el año 1019.

El ejército de Niebla destaca como aliado de los reinos taifas de Mértola y Silves que, junto con el de Badajoz se enfrentan al de Sevilla por el dominio de al-Garb. Finalmente la ciudad acabó rindiéndose a Al-Mutadid, dejando de ser independiente al ser absorbida por el reino de Sevilla en 1051.

En un nuevo período Niebla se hará independiente. Labla al-Hamra, en 1091, cuando los almorávides dominen todo al-Andalus, dejará abandona el vasallaje debido a Al-Mutadid de Sevilla. En este periodo la ciudad alcanzará un alto grado de desarrollo, en el que se mantiene con la tolerancia islámica un buen grupo de cristianos que conservan su fe y sus costumbres, incluyendo las iglesias con sus obispos y cultos. El nuevo poder almohade trajo a Niebla la dinastía de los Beni-Yahya.

El último de los reyes islámicos de la historia de Niebla sería Ibn-Mahfoh, que para evitar su conquista prestó vasallaje a Fernando III el Santo. Alfonso X la reconquistó definitivamente en 1262, recibiendo el mismo fuero que Sevilla. El asedio no fue fácil ni para los sitiadores ni para los moradores islámicos ya que, por la importancia de las defensas de la ciudad, éste duró nueve meses y medio, teniendo que rendirse la población por hambre. Las crónicas del momento cuentan que desde las murallas arrojaban… piedras y dardos con artificios y tiros de trueno con fuego, lo cual ha sido puesto en relación con el primer uso de la pólvora en España. También, en la toma de la ciudad, apareció una invasión de moscas que, al cebarse especialmente en los sitiadores, estuvo a punto de hacerles levantar el sitio.

Además cuentan que Ibn-Mahfoh, para demostrar que el sitio era inútil por hambre, trató de engañar al ejército cristiano enviándoles un buey cebado, tal vez el último que quedaba intramuros. Por ello, la puerta más occidental, por donde debió salir el animal, se le denomina de El buey.

Tras la conquista, Niebla fue organizada a fuero de Sevilla, repartiéndose sus tierras entre los nuevos pobladores. En la ciudad comienza la conservación de las mezquitas en las iglesias de San Martín y de Santa María de la Granada, las únicas que se han conservado en pie de las cuatro collaciones que fueron establecidas por el Rey Sabio.

En 1369, después de otros intentos fallidos, el rey Enrique II entregó la ciudad al desde entonces Conde de Niebla Juan Alonso Pérez de Guzmán, finalizando el periodo en que ésta había sido regida como concejo y disfrutar de nuevo fuero real.

En el siglo XV, el IV Conde de Niebla inició una política de reconstrucción de la ciudad muy activa, en la que se deben incluir elementos visibles en las iglesias de San Martín y Santa María y, especialmente, la obra del alcázar, derribando para ello la mayor parte de los restos todavía existentes de la alcazaba islámica anterior.

En 1755, a resultas del seísmo denominado Terremoto de Lisboa, según Amador de los Ríos, se derrumbó la mayor parte de la torre del homenaje de la fortaleza, que era una de las más altas de Andalucía después de la Giralda de Sevilla, así como otros muchos desperfectos no registrados en las crónicas.

Su colorario será la puesta en defensa de la ciudad por el Mariscal Soult durante la Guerra de la Independencia, que la abandonaría al General Lacy después de volar algunas de sus estructuras defensivas restauradas. Con ello, su conjunto monumental llegará al siglo actual muy deteriorado.

Monumentos de Niebla

Iglesia de San Martín. Construida sobre la mezquita occidental. En la actualidad sólo se conserva el ábside y la portada de los pies.

Iglesia de Santa María de la Granada. Fue catedral bizantina, más tarde mezquita árabe. La última remodelación se hizo en el siglo XVI como iglesia cristiana en estilo gótico mudéjar.

Muralla. Construida por los almorávides que cierra completamente el perímetro de la ciudad. Es la más importante que se conserva en España en su estilo. El Alcázar fue destruido por los franceses en 1813.

Hospital de Nuestra Señora de los Angeles, finales del siglo XVII y principios del XVIII.

Yacimientos Arqueológicos

Castillo.
En el interior de las murallas se levanta el castillo romano. Ha sufrido reparaciones por parte de todos sus ocupantes, visigodos, árabes y cristianos.

Puente de origen romano sobre el rio Tinto.

Museos
Sala-Museo del antiguo Hospital de Ntra. Sra. de los Angeles, siglo XVIII.

Gastronomía de Niebla

Como platos actuales típicos de Niebla se pueden citar:

  • Tagarninas «esparragás».
  • Espárragos revueltos o en tortilla.
  • Espinacas con garbanzos.
  • Habas «enzapatá».
  • Caldereta.
  • Revoltillos de cordero con tomate.

Entre los dulces propios de Niebla aunque coincidentes con los de otras localidades, están las torrijas para Semana Santa, los roscos y los pestiños.

Cómo llegar a Niebla

Salir de Huelva. Tomar la A-5000. Travesía de San Juan del Puerto. En la rotonda, tomar la salida 2 Continuar en: A-472 hasta Niebla.

Distancias desde Niebla

Beas 14 km
Huelva 31 km
Sevilla 65 km
Bonares 6,5 km
Almonte 21 km
Trigueros 20 km
San Juan del Puerto 16 km
Rociana del Condado 11 km

Presa de Candoncillo

Paisaje Protegido Río Tinto


Un comentario

  1. Kathryn Mears escribio:

    Visited Niebla yesterday. It is most interesting. Museum though well laid out and worth a visit, was almost all in Spanish. We speak very little.
    The castle was open and there was a map with English to explain some of what we saw. Again well worth the trip.
    The church was very closed. Unlike larger ones in Seville and Córdoba. We would have gladly paid to see it.
    We think that Niebla should be better publicised for out of season visitors such as we are.