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Parques Naturales de Andalucía

Parque Natural de la Sierra de Castril

Parques Naturales de Andalucía

Parque Natural de la Sierra de Castril

El Parque Natural de la Sierra de Castril, ubicado al oeste del apéndice nororiental de la provincia de Granada, forma parte de la Cordillera Oriental del sistema Subbético andaluz. Abarca 12.696 ha, y se encuentra en su totalidad en el término municipal de Castril, con una población aproximada de 3.150 habitantes.

La naturaleza caliza del terreno y las numerosas precipitaciones en las cumbres permiten disfrutar de un rico ecosistema húmedo con abundantes saltos, cascadas y cuevas, como la de San Fernando, que tiene las galerías de mayor longitud y profundidad de la provincia de Grananda.

El Parque Natural de la Sierra de Castril nos brinda la oportunidad de pasear por un paraje de espectacular relieve y singular estética paisajística.

La principal característica de este espacio natural es su espectacular relieve, fruto de la naturaleza caliza del suelo, las numerosas precipitaciones en las cumbres y la acción de las aguas corrientes. Son abundantes las simas, grutas y galerías. En Sierra Seca se halla la Cueva del Muerto, donde se pueden contemplar vistosas formaciones de estalactitas y estalagmitas, y la Cueva de Don Fernando, la de mayor profundidad y longitud de Granada, con numerosas galerías y salas de incomparable belleza, como la Sala de la Colada.

El Parque Natural se halla incluido en su totalidad en el término municipal de Castril, al norte de la provincia de Granada. Está recorrido de norte a sur por el río del mismo nombre, el río Castril, en cuyas aguas habita la nutria y la trucha común. Existen además numerosos manantiales como el de Juan Ruiz, Tubos, la Magdalena o Lézar.

En la zona norte de la Sierra Seca se localiza una pequeña cuenca cerrada en la que durante una buena parte del año se forma una laguna a partir del agua de lluvia y la procedente de los deshielos, de cierto interés por albergar pastizales naturales de una gran diversidad botánica.

En las cumbres más altas destaca entre la vegetación el pino salgareño. Este árbol, que puede alcanzar los 40 m de altura, resiste muy bien las bajas temperaturas y los fríos vientos invernales. A su alrededor se disponen, a escasa altura sobre el suelo, sabinas y enebros rastreros además de otras especies de aspecto almohadillado o redondeado. La encina, especie típicamente mediterránea, también se halla presente aunque sus bosques se han visto mermados por la fuerte presión humana. Quejigos y arces, son otros árboles que, aunque escasos y raros en Andalucía, pueden encontrarse en estas sierras, como en las cabeceras de los Barrancos de Túnez y Magdalena. Todas estas formaciones vegetales naturales se han visto en ocasiones desplazadas por bosques de pinos de diversas especies procedentes de repoblaciones: carrasco, laricio, silvestre, etc.

La Sierra de Castril cuenta con una variada fauna, desde mariposas exclusivas de la Península Ibérica hasta grandes mamíferos ungulados como la cabra montés. El buitre leonado, el halcón peregrino y el alimoche nidifican en la paredes calizas, mientras que en los bosques de encinas y pinos lo hacen otras rapaces como las águilas real, culebrera o calzada.

Los ríos y sotos fluviales acogen asimismo a numerosas especies propias de los hábitats de ribera: garzas reales, lavanderas, petirrojos, chochines, etc.

De la sierra se aprovecha, cómo no, la madera de pino carrasco que se destina a embalaje y, caso singular, a la construcción, gracias a los esbeltos portes que los árboles adquieren en estas áreas. La madera que proporcionan las densas choperas que orlan las riberas del río en sus más amplios sotos se emplea en cajerío, sillería y tornería ligera, y también sustentó una artesanía elaborada de pequeños utensilios de madera. Muy apreciada en la comarca es la «miel de la sierra» o «miel de Cebas» que se elabora a partir del polen de romero, jaguarzo, alhucema, tomillo y otras especies propias de los romerales mediterráneos.

El aceite y el aliño de aceitunas tienen antigua raigambre en la comarca como también la tuvieron los utensilios de esparto, tizneros, paneros, barjas, pleitas y toda clase de recipientes, empleados para los más variados usos en el campo y el hogar, y para los que los vecinos recolectaban los haces de la atocha. Incluso existen antecedentes de la fabricación de papel a partir de fibras de esta especie y de la de paja de cereales.

De entre la gastronomía local, sencilla y carente de artificios, además de las chuletas de cordero y los variados platos que tienen en la trucha su esencial componente, el viajero a su paso por estas tierras no debe dejar de probar embutidos como el relleno, la morcilla o el blanquillo, y la amplia repostería (tortas de chicharros, roscos de vino, floretas, tortas de manteca, …).

La industria cerámica de la teja árabe se estableció en Castril para atender la demanda de la comarca y es ahora, tras un paréntesis de algunos años, cuando se pretende impulsar con renovado ánimo ante el empuje de la construcción en toda la región y el gusto por la arquitectura y el estilo tradicionales.

Otro tanto ocurre con la industria vidriera, que se mantuvo desde su fundación alrededor de 1490 hasta finales del pasado siglo, tras la producción de cientos de miles de piezas, fracsos, botellas y garrafas de color verdoso y asombrosa ligereza.

Además de su sierra y de su río, bien merece una visita la localidad de Castril. Encaramado en la falda de su peña, es éste un pueblo de pronunciadas calles y sencillas casas apiñadas donde el sabor de lo serrano es su más noble seña de identidad.

Nacimiento del Río Castril

La Sierra de Castril constituye un impresionante sistema de rocas calizas. Si observan detenidamente el paisaje comprobarán que no hay exceso de agua en la superficie del terreno. Esto se debe a que la sierra se comporta como una gran esponja. Cuando llueve, toda el agua que cae se filtra a través de fisuras, grietas y cavernas que abundan en el subsuelo y circula a través de ellas hasta quedar atrapada en zonas impermeables. Es entonces cuando tiende a salir al exterior por alguno de los manantiales que se localizan en la base del macizo.

A partir de este punto, el río emprende su camino surcando el Parque de Norte a Sur. Queda encajado en el valle donde vuelcan los numerosos barrancos con sus arroyos. Entre los más caudalosos hay que destacar el arroyo del Buitre, la Magdalena, Hoyos de Moreno y sobre todod el de Túnez.

Este río es el más caudaloso entre los del Noreste de la provincia de Granada con una aportación media anula de 117,74 hectómetros. Sus aguas desembocan en el Guadiana Menor, río que pertenece a la cuenca hidrográfica del Guadalquivir.

Los Manantiales del nacimiento del río Castril

Los manantiales que dan origen al nacimiento del río Castril constituyen una de las descargas naturales de agua del macizo kárstico prebético conformado por las sierras de Cabrilla, Emapandas, Banderillas y Almorchón. Estos relieves están formados matoritariamente por rocas carbonatadas: calizas y dolomías. Estas rocas tiene la propiedad de disolverse, tanto en superficie como en profundidad, por la acción del agua, generando unos paisajes muy característicos que se denominan karst  o paisaje kárstico. El karst funciona como una gran esponja, recoge y almacena el agua de lluvia, evacuándola más tarde al exterior a través de surgencias denominadas manantiales kársticos. El agua circula desde la superficie hasta las surgencias a través de las fisuras y conductos kársticos, este proceso se ve favorecido por el intenso grado de fracturación de la roca.

Después de una lluvia intensa, el agua se infiltra en las calizas y discurre por fisuras y conductos kársticos (cavidades y galerías subterráneas) hasta ser evacuada al exterior de una manera rápida, generalmente por manantiales que se sitúan a cotas altas en la sierra. Estos manantiales, que se denominan epikársticos o manantiales colgados, funcionan de manera muy esporádica e intermitente, siempre después de un periodo de lluvia.

Otra fracción de agua, sin embargo, circula de modo mucho más lento hacia zonas más profundas del macizo atravesando las calizas hasta alcanzar un sustrato impermeable. Por encima del sustrato impermeable se acumula saturando la roca de agua y generando un embalse subterráneo (acuífero). El agua tiende a circular lateralmente hasta encontrar una salida al exterior formando un manantial permanente, que corresponde en realidad al rebosadero de ese embalse subterráneo de agua. Este es el origen de los manantiales de agua que dan origen al nacimiento del Río Castril. En este caso la surgencia se ve, además, favorecida por una fractura que facilita la salida del agua.

La cabecera del valle del río Castril

Desde la posición en la que nos encontramos podemos ver como el valle del río Castril se cierra formando una estructura de morfología circular, que recuerda un poco a la de los circos glaciales de alta montaña, aunque en este caso su origen no tiene absolutamente nada que ver con ese tipo de modelado.

Los farallones que cierran el valle corresponden en realidad a la vertiente o cara sur de un gran macizo montañoso, que se eleva considerablemente a partir del punto donde vemos cerrarse el valle, y cuya parte superior no podemos abarcar desde esta perspectiva dada la cota baja a la que nos situamos.

Dicho macizo esta constituido esencialmente por calizas y dolomías, rocas solubles ante la acción lenta y continuada del agua, en forma de lluvia o nieve, durante miles o cientos de miles de años. El resultado es un relieve que se denomina “kárstico”, caracterizado por generar una gran profusión de formas de disolución superficiales (lapiaces, dolinas, uvalas, poljes) y subterráneas (simas, cuevas y galerías). El macizo kárstico se comporta como un acuífero, es decir, como una gran esponja capaz de recoger el agua de las precipitaciones de la parte superior (área de recarga) y transmitirla hacia su interior, almacenándola en la red de conductos kársticos, a modo de un gran embalse subterráneo.

A pie de los farallones se sitúan los manantiales que dan origen al río Castril y éste, a su vez, al valle, por erosión fluvial. Los manantiales se sitúan, por tanto, al pie del relieve kárstico y constituyen una de sus principales descargas de agua. Actúan como aliviadero o rebosadero del gran embalse de agua subterráneo. Por esta razón el caudal de los manantiales aumenta considerablemente después de un gran episodio lluvioso, y disminuye, hasta secarse en ocasiones, tras periodos prolongados de sequía.

Paredones y pinares en la Cerrada de la Magdalena

El espectacular relieve de estas sierras, es una de las señas de identidad de este espacio protegido. Le proponemos un alto en el camino y la posibilidad de apreciar las distintas formaciones vegetales adaptadas a este entorno:

Paredes verticales: Sobre la compacta roca caliza, crece una vegetación dominada por especies de porte arbustivo como cornicabras o encinas «achaparradas», que dan paso a la sabina mora en las partes más altas. Las grietas y salientes son ideales para la vida de muchas aves: entre otros podrá ver al avión roquero, al martín pescador y, si tiene suerte, a rapaces como el águila real, el buitre leonado, el alimoche e incluso el quebrantahuesos.

Pinares: sobre las margas y derrubios de ladera y en las zonas de umbría, los pinos salgareños, acompañados de algunas encinas y quejigos, dominan el paisaje. En la ladera de solana, también sobre las margas, abunda el pino carrasco, más tolerante a las insolaciones estivales. El escaso sotobosque esta representado por algunas retamas y majuelos.

Senderos del Parque Natural de la Sierra de Castril

Sendero Cerro del Buitre
Sendero Puente de Lézar
Sendero Cerrada de Lézar
Sendero Cerrada de la Magdalena


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