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Pueblos de Huelva

Santa Ana la Real

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Santa Ana la Real

Santa Ana la Real es un municipio situado al sur del Parque Natural de la Sierra de Aracena y los Picos de Aroche, uno de los espacios protegidos más importantes de la Comunidad y que ocupa todo el norte de la provincia con sus dehesas y pequeñas elevaciones cubiertas, predominantemente, de bosques de encinas, alcornoques, castaños y monte bajo, por donde cursan numerosos arroyos, conformando un paisaje de extraordinaria belleza y atractivo.

Santa Ana la Real limita con los municipios vecinos de Jabugo, Castaño del Robledo, Alájar y Almonaster la Real.

Como la mayoría de los pueblos de la sierra su nacimiento surge durante la Repoblación cristiana. La Iglesia de Santa Ana está catalogada como Bien de Interés Cultural. Son interesantes también las eras comunales y el paraje conocido como Los Chorros.

Las primeras manifestaciones de la presencia del hombre en este entorno serrano son los grabados rupestres hallados en la finca de Los Azulejos, inmersos dentro del área funeraria de una necrópolis dolménica y que quizás tengan relación con el ritual de enterramiento de estas poblaciones del tercer milenio a. C. en la Sierra. Los grabados representan el ciclo de la vida: animales, vegetales, la luna y el sol.

La historia de Santa Ana la Real está íntimamente ligada a Almonaster la Real, a la que perteneció hasta el 18 de noviembre de 1.751 en que fue declarada villa por el rey Fernando VI. El Valle de Santa Ana, como se la conocía entonces, contaba con 58 vecinos y pertenecía a Doña María Teresa Márquez de Avellaneda. Fue su esposo, don Gregorio del Valle Clavijo, quien la cedió a los vecinos por la cantidad de 435.000 maravedíes de vellón.

Las primeras noticias de Santa Ana la Real se remontan a mediados del siglo XVI, en el que se produjo un aumento demográfico que llevó a colonizar estas tierras para aprovechar los recursos naturales que ofrecían.

Durante el siglo XVII, las continuas luchas, el hambre y las condiciones de vida impuestas por el medio, propiciaron la huida de muchos vecinos hacia otros lugares. El siglo XVIII se abre con un incremento demográfico favorecido por un descenso de la mortandad masiva y la introducción de nuevos alimentos. Se produce así una intensa actividad hortofrutícola y un intercambio comercial con localidades pacenses.

Hacia el final de este siglo y comienzos del XIX, se produce un enfrentamiento con las villas de Almonaster y Jabugo motivado por el aprovechamiento de la bellota de las montaneras y el dominio de los montes de encinas. Detrás de un conflicto aparentemente económico, se escondía una problemática social, pues mientras el pueblo exigía tierras comunales abiertas todo el año para pastos, los propietarios reclamaban su derecho al uso de las bellotas. Este largo conflicto de más de treinta quedó zanjado con la entrada del ejército francés en Andalucía en 1.810.

El siglo XIX viene marcado por la repercusión de las dos epidemias de cólera (en 1.834 y en 1.854), así como por la importante actividad minera del Andévalo y la Sierra hacia finales de siglo, lo que provoca cambios en el modo de vida de los campesinos, que abandonan de nuevo el pueblo.

El siglo XX arranca en Santa Ana la Real con una población de 983 habitantes que va incrementándose ininterrumpidamente hasta el año 1.940 en que se contabilizan 1.164 santaneros, dedicados en su mayor parte a una economía familiar de subsistencia basada en la tenencia de ganado para el consumo doméstico y las labores agrícolas; también fue importante hasta los años 60 la producción de cal para la construcción en los más de 10 hornos concentrados principalmente en las faldas del Cerro Castillejo.

En la actualidad, con una población estancada en torno a los 500 habitantes, Santa Ana la Real, tiene en el actual desarrollo turístico de la zona, puestas sus expectativas. Este sector en alza puede abrir nuevos caminos de futuro para una población, identificada con el medio, amante de sus costumbres y tradiciones y que se resiste a sucumbir en la encrucijada del tiempo.

Monumentos de Santa Ana la Real

Iglesia de Ntra. Sra. de Santa Ana, siglo XVIII.
Ermita de San Bartolomé
La Cruz del Vigía
Fuente de los Tres Caños

Urbanismo

Corte de Santa Ana.

Gastronomía de Santa Ana la Real

Santa Ana la Real sigue conservando una serie de platos típicos que, aunque se elaboran en otros pueblos de la comarca, aquí tienen ciertos ingredientes que le dan un toque y un sabor diferentes. Son platos tradicionales que han conseguido sobrevivir a la invasión de productos comerciales que estuvieron a punto de estandarizar las dietas sin importar el hábitat. Algunos de estos platos son:

Estofadillo: Es un guiso de papas y carne de cerdo típico de los almuerzos durante las matanzas.

Potaje de habichuelas con bacalao que se come durante los días de vigilia en Semana Santa.

Gazpacho de papas cocidas: En la época invernal, se aprovechan los tomates embotellados y se le añaden papas cocidas, pan y culantro.

Picadillo de asadura: Su base son también los tomates embotellados, el culantro y la cebolla. Se le suele echar asadura asada y picada a trocitos. Plato de invierno.

Migas: Elaboradas con papas, pan y ajos. Era costumbre, que todavía se conserva en algunas casas, de comerla en la misma sartén donde se preparan con toda la familia sentada junto a la candela. El mosto y las sardinas embarricás son complementos perfectos para las migas.

Repostería: Podemos destacar entre otros dulces caseros los buñuelos de viento, las torrijas enmeladas, los pestiños, las rosas y los roscos.

La dieta de los santaneros sigue teniendo un ciclo estacional que depende de los productos que ofrece las huertas a lo largo del año y cuyo componente cárnico se basa casi exclusivamente en los productos derivados del cerdo.

Cómo llegar

El núcleo urbano de Santa Ana la Real se asienta muy cerca del cruce Cortegana-Almonaster la Real con Aracena y la carretera N-435, que comunica la Sierra con el Sur provincial.

Distancias Santa Ana la Real

Huelva 97 km
Aracena 19 km
Aroche 29 km
Jabugo 9,5 km
Sevilla 105 km
Cortegana 15 km
Almonaster la Real 8,5 km
Higuera de la Sierra 31 km

Fuentes y Manantiales de Santa Ana la Real

  • Los Veneros
  • Fuente del Oro
  • Fuente del Prado
  • Fuente Cagancha
  • Alberca del Hierro
  • Fuente del Porrino
  • Fuente de los Tres Caños
  • Los Chorros de Joyarancón

Santa Ana la Real

Senderos en Santa Ana la Real

Sendero Risco de Levante

Camino Santa Ana – Castaño del Robledo

Situación: noreste del término municipal
Dirección dominante: sur-noreste
Longitud total: 4.050 m.
Longitud específica: 3.500 m.

Sale de Santa Ana solapado primero con el Camino de Santa Ana a Alájar y después con el Camino de las Callejas. Se aparte de este último en La Presa en dirección noreste. Cruza la carretera A-470 en el km 17,950 y sube entre paredes por el paraje Lindazo hasta un alto donde deja a la derecha la era de la Mojeda. Aquí gira a noroeste y comienza a bajar. A unos 300 m deja una bifurcación a la derecha y continúa bajando unos 100 m más. A la izquierda queda el paraje de los Jugaderos y a la derecha las Olivas. Llanea un poco en dirección norte y alcanza la confluencia de los barrancos de Casares y de Hoya Arancón, en el paraje las Tejoneras.

En esta encrucijada de caminos arranca de frente el Camino de las Coscojas y se le une el Camino de Aguafría a Alájar por la izquierda. Gira noventa grados a la derecha, hacia el este, y solapa con éste último. Discurre unos metros llevando el barranco de los Casares a la izquierda y después se separa un poco de él aunque sigue paralelo. Más adelante vuelve a pegársele el curso de agua por la izquierda. Deja el Camino de Aguafría a Alájar a la derecha, cruza el barranco en su confluencia con otro regajo y gira a la izquierda, hacia el noreste, en este regajo a su izquierda. Sube el camino en zigzag por las Hoyuelas hasta los Llanazos. En ese punto, junto al límite del término con Castaño, conecta con el Camino de Castaños a Riotinto y el Camino de Castaño a Valverde.

Desde aquí el camino discurre junto al límite municipal entre ambos términos. Unos 300 m más adelante, encuentra el carril de acceso a una finca a la derecha y unos 100 m después, otra. Entra el camino en el paraje las Coscojas, a 300 m, a la izquierda deja un monte pequeño, luego una bifurcación a la derecha. Llega a la Venta y unos 50 m después se le une por la izquierda el Camino de las Coscojas. Sale del término justo en la Piedra de los Tres Términos, punto de unión de los de Santa Ana, Jabugo y Castaño, por el que continúa.

SL-A 284 Sendero Las Coscojas

Sendero Circular
Longitud: 7.376 metros
Tiempo: 1 h 50 min.
Desnivel acumulado ascenso: 317 metros
Desnivel acumulado de descenso: 317 metros
Tipo de camino: tierra compacta y tramos de vereda
Época recomendada: todo el año.

La salida es desde la Aldea de la Presa de Santa Ana la Real, justo en el camino que sale enfrente de la parada de autobús. Comenzamos  a subir hasta llegar a la “Era de la Mojea”. La dejamos atrás y a la derecha, comenzamos a bajar hasta llegar a un cruce donde conectamos con el SL-A 201 “ Senderos de los Hornos de Cal”. Hasta este punto, el sendero es de ida y vuelta.

Desde aquí continuamos de frente atravesando unos helechos y comenzamos a subir una cuesta muy pronunciada que nos llevará a la zona más alta del recorrido desde la que tendremos unas vistas espectaculares de la zona y desde donde se pueden observar una abundante arboleda de castaños, encinas y alcornoques.

El camino cruza un castañar y va buscando un pequeño sendere entre muros de piedras. Aproximadamente unos quinientos metros después volvemos a subir otro repecho hasta llegar a una pista que abandonamos enseguida para girar a la derecha que nos dirige al punto donde se encuentra la piedra que marca los tres términos (Jabugo, Castaño del Robledo y Santa Ana la Real).

Giramos a la derecha y bajamos hasta dejar a la derecha “Los Chorros de Joyarancón”. Llegamos a una pequeña rivera que se atraviesa por un puente de madera y volvemos a girar a la derecha, subiendo hasta llegar nuevamente al cruce que indicamos anteriormente que marca el regreso a la Presa de Santa Ana.

Senderistas por el Mundo es un proyecto pensado para dar voz a personas que son de Santa Ana o por algún motivo mantienen alguna estrecha relación con el pueblo. Estas personas nos envían un mensaje desde los remotos rincones del planeta donde residen actualmente abriendo las puertas de Santa Ana la Real al mundo.

Ruta de los Hornos de Cal SL-A 201

Longitud: 8,6 km
Desnivel positivo: 220 m
Dificultad: Media

Esta ruta nos adentra en una de las singularidades industriales de este municipio, los hornos de cal. Olvidados desde la década de los sesenta del pasado siglo, cuando dejaron de funcionar por su escasa rentabilidad, se ha podido rescatar en gran medida gracias al interés del Ayuntamiento y de la Asociación Cultural Valle de Santa Ana. Representan una forma de vida dura en la que la entrega y dedicación de los sananeros sirvieron para dar a conocer este municipio fuera de las fronteras de la comarca. La cal aquí producida fue empleada en muchas construcciones industriales de la cuenca minera de Huelva.

Pero no sólo disfrutaremos de patrimonio etnológico, la rica biodiversidad y ecosistemas (castañares, dehesas, bosques de ribera, etc.) por donde discurre este sendero nos harán gozar de este paraíso natural.

Partiendo por el Camino de Maisevilla, iremos bordeando el Castillejo de las Cornicabras por olivares, castañares y alcornocales, pronto nos situaremos en las inmediaciones de la aldea de La Presa, donde tomaremos el camino de Alájar, calleja delimitada por antiguas paredes de piedra. Al llegar junto a la Rivera de Santa giraremos dirección norte, aguas arriba, acompañados de un interesante y bien conservado bosque de ribera, cruzándola por algunos puentes de madera. Tras atravesar la carretera, comenzaremos una subida en dirección noroeste, por el Barranco del Negrillo, que nos llevará hasta el Camino del Valle, que tomaremos hacia nuestra izquierda, dirección sur, y comenzaremos a bajar hasta llegar de nuevo a Santa Ana la Real.

Horno de Onofre (1): Estructura troncocónica de mampuestos de piedra dispuesta sobre el desnivel del terreno apenas perceptible cuyo diámetro superior es de 2,5 metros. Se observan elementos transformados: la anexión de varias edificaciones que ocultan el tasquí y el pavimento con cemento alrededor de las mismas edificaciones. Sobre la pedrera y el arranque del horno quedan restos de cal.

Sobre al antigüedad del inmueble no se han recabado datos específicos, aunque por testimonios orales puede remontarse a la década de los cincuenta del siglo XX. Según el testimonio de un calero: «lo hicieron nuevo pensando que iba a ser una revolución y fue un fracaso, porque lo hicieron como un cilindro». Producía alrededor de 600-700 quintales de cal, empleándose para ello 200 cargas de combustible.

Horno de Evaristillo (2): Estructura troncocónica de mampuestos de piedra más ancha por su base y muy regular cuyas dimensiones son las siguientes: tasquí 2,70 m., altura desde el poyo hasta el bordo: 4,80 m., altura del poyo hasta la caldera 60 cm. altura total 5,40 m. El diámetro base es de 3 m., mientras que el diámetro superior (bordo) es de 2,82 m. En la parte exterior frontal, flanqueando el tasquí se sitúan dos estructuras en forma cilíndrica que actúan a modo de contrafuerte y que sustituyen a los «brazos del horno».

En la parte frontal son visibles los «benchinales» u orificios utilizados como soporte de toldos y de la balanza romana, así como una alacena, apreciándose la salida de conductos del fogón. Por fuera y alrededor del horno aparecen pequeñas pedreras.

Sobre la antigüedad del horno no se han recabado datos específicos. Por testimonios orales se sabe que sustituyó a otra instalación emplazada más arriba, conocida como «Horno de las Fifas». En su lugar se explotó la pedrera para su servicio. Producía unos 600 quintales para lo que gastaba entre 180-200 cargas de leña (combustible).

Horno de Santiago (3): Estructura troncocónica emplazada en la solana del Cerro del Castillejo, con dos contrafuertes exteriores bien definidos, benchinales y tasquí. Destaca a la entrada del vano de acceso, un pequeño empedrado realizado con la misma piedra caliza. El tasquí mide 2,65 m. mientras que el diámetro base 2,75 m. el diámetro superior 2,50 m. y la altura desde el poyo es de 4,80 m. El suelo interiormente está pavimentado con terrizo, aunque es visible el poyo alrededor del forro. En la parte frontal se observan los «benchinales» (orificios huecos).

También conocido como «horno de Camilo», se sabe que era uno de los más activos en la segunda mitad del siglo XX. Según los caleros entrevistados fue el último horno en funcionamiento de la localidad, utilizaba como combustible entre 170 y 200 cargas de lega y producía en torno a los 500 quintales de cal.

Sobre la antigüedad del horno no se han recabado datos específicos, aunque por testimonios orales se sabe que ya funcionaba en la década de los cincuenta del siglo XX. Según los caleros entrevistados fue el último horno activo.

Horno de Cosme (8): Estructura troncocónica de mampuestos de piedra muy regular, emplazada en una explanada entre el Camino de las Callejas y el camino de la Aldea de la Presa, sobre una gran roca natural. Exteriormente se observa la alacena, el tasquí con dintel de madera (2,10 m.), benchinales del fogón y hueco de madero para romana o toldo.

La instalación puede remontarse a la segunda mitad del siglo XX, periodo de eclosión de los hornos caleros alrededor del Cerro del Castillejo. Según informantes era uno de los más pequeños tanto en tamaño como en producción. Producía entre 400-450 quintales para lo que necesitaba entre 150-180 cargas de leña.

Horno de Puerto Molino (9): Estructura troncocónica de mampuestos de piedra, excavada y emplazada sobre la ladera, con contrafuertes a izquierda y derecha, de 3,70 m. de diámetro base. Alrededor del horno, en el claro adehesado, aparecen restos de piedra caliza, escorias y cal.

Sobre la antigüedad de la instalación no se han recabado datos específicos. Según los informantes de esta instalación se sacaba la cal morena de mejor calidad de todo el término municipal, siendo el horno con mayor capacidad. Producía hasta 800 quintales de cal viva, empleando entre 180-190 cargas de leña. La caliza se extraía bajo tierra.

Horno de Tío Eulogio (10): Estructura troncocónica de mampuestos de piedra, dispuesta sobre el desnivel del terreno con contrafuertes laterales de 3,90 m. en el lado izquierdo y 3,20 m. en el lado derecho. Las dimensiones del horno son: 2.50 m. de diámetro superior, 2,80 m. de diámetro inferior y 4 m. de altura. El tasquí mide 2,35 m. aproximadamente, presentando dintel de madera. Interiormente se observa el poyo y restos de arcilla en el forro.

Sobre la antigüedad del horno no se han recabado datos específicos, aunque por su emplazamiento en el Paraje de Negrillo puede remontarse a principios del siglo XX. Según fuentes orales, el horno producía 400 quintales de cal y utilizaba como combustible 140 cargas.

Horno de Miguel de Paco (11): Estructura troncocónica de mampuestos de piedra emplazada en una ladera ligeramente inclinada a pocos metros del camino cuyo ancho es de 3,20 m. y la altura de 3,50 m. Presenta exteriormente contrafuertes laterales, tasquí con dintel de madera y piedra, alacena, huecos de fogón y murete lateral en rampa para acceso al bordo. Interiormente se observa el poyo y el forro parcialmente derruido con abundante vegetación.

Sobre la antigüedad del horno no se han recabado datos específicos, aunque por su emplazamiento en el paraje de Negrillo se deduce que pueda remontarse a principios del siglo XX. Según fuentes orales, producía alrededor de 700 quintales, necesitando para ello 200 cargas.

Horno del Negrillo (12): Estructura troncocónica de mampuestos de piedra emplazada en una ladera ligeramente inclinada con contrafuertes laterales muy pronunciados cuyas medidas son 3,20 m. de diámetro superior, 3,70 de diámetro inferior, y 4,80 m. de altura hasta el poyo.

Sobre la antigüedad del horno no se han recabado datos específicos, aunque por su emplazamiento en el paraje de Negrillo puede remontarse a principios del siglo XX. Según fuentes orales, el horno producía entre 500-600 quintales de cal, necesitando para ello 150-200 cargas de leña.

Horno del Negrillo II (13): Horno semiderruido emplazado en ligera pendiente en el que se conserva la estructura troncocónica conservada parcialmente oculta por la vegetación.

Sobre la antigüedad del inmueble no se han recabado datos específicos, aunque según fuentes orales por su ubicación en el paraje del Negrillo es posible remontarlo a principios del siglo XX o incluso antes, dado el estado de conservación de la edificación y la presencia de otros hornos en el mismo entorno.

Horno de Antonio el de Urbana (14): Estructura troncocónica con mampuestos de piedra sobre roca natural, en ligera pendiente, con un ancho de 2,60 m. y una altura de 3,17. Por delante del horno se distingue el llano del horno y emplazada más abajo, restos de la pedrera de la que se extraía la piedra.

Sobre la antigüedad del inmueble no se han recabado datos específicos. Según los informantes, producía alrededor de 350-400 quintales de cal, empleándose 120-130 cargas de combustible.

Hornos de Cal

El valor etnológico que representan los Hornos de Cal deriva tanto de lo material como de lo inmaterial, poniendo de manifiesto la importancia que los inmuebles poseen no sólo como huellas reveladoras de la actividad transformativa inserta en el territorio, sino como notables testimonios de una de las principales actividades productivas en Santa Ana la Real.

La elaboración de la cal viva y la producción de morteros en Santa Ana la Real supone la aplicación de una serie de técnicas artesanales que entroncan con una tradición milenaria extendida por todo el arco mediterráneo. Llama la atención que, en términos generales, los métodos de producción expuestos por escritores de la Antigüedad (Catón, Vitrubio) coincidan con los practicados por los caleros santaneros.

Los orígenes de la actividad calera en Santa Ana la Real son oscuros. La propia tradición oral existente en el municipio aporta una información que, aunque obviamente no puede ser contrastada, transmite que el uso de la cal para enfoscar y pegar mampuestos ha sido una práctica continuada al menso desde 1755, año en que comienza a construirse la iglesia parroquial. La ausencia de referencias en la documentación histórica puede derivarse del hecho de que, durante siglos, la producción de cal viva se realizara a pequeña escala como una actividad complementaria de los grupos domésticos campesinos orientada al autoconsumo y a un exiguo mercado.

En los años cuarenta del siglo XX se inició la época de mayor demanda de cal viva coincidiendo en el tiempo con un nuevo despegue de la actividad minera en toda la comarca.

El auge de la actividad fue efímero. En veinte años, la producción de cal declinó rápidamente y a fines de los sesenta pocos hornos funcionaban en el pueblo. Tres factores fundamentales explican esta crisis terminal: la crisis generalizada de la minería en toda la provincia; la irrupción del cemento industrial como aglomerante más económico y menos laborioso en su ejecución que la argamasa; y el mantenimiento de un tipo de horno artesanal incapaz de competir con los industriales, más eficientes, que se iban instalando en otras localidades.

Características de los Hornos de Cal

Formalmente son construcciones de planta circular con forma de torre troncocónica hueca en su interior con mampuestos de piedra refractaria, más ancha en su base, con una abertura en el suelo, llamada localmente tasquí, y un hueco o bordo situado en la parte superior, y dos contrafuertes exteriores los brazos del horno. Interiormente disponen de caldera, con una profundidad que oscila entre el metro y metro y medio, y diámetro de dos y medio a tres metros; fogón, por debajo de la caldera, cámara aislada que comunicaba con el exterior mediante conducto subterráneo; y cámara de caldeo, alrededor de la cual el calero componía la estructura de piedra caliza formando una estancia abovedada. Este muro interior sobre el que se colocaban los mampuestos se denomina forro y sobre él se ejecutaba el poyo, repisa de barro que recorría todo el perímetro del horno y sobre el que se montaba la primera hilada de piedra. En algunos de ellos, para facilitar la tarea, a veces se construían cobertizos adosados, apoyados en los bechinales así como también era habitual habilitar huecos en alguno de los paramentos exteriores que servían de alacenas para depositar objetos.

El proceso productivo

El oficio calero se organizaba a lo largo de todo el ciclo anual; el clima fijaba la distribución de las distintas tareas. Normalmente no se practicaban hornadas en la temporada invernal y otoñal porque en estas fechas arrecia la lluvia que es la peor aliada de la actividad. Cuando el combustible no quemaba bien a causa de la humedad, los caleros decían que el horno se aciscaba, es decir, que la leña se transformaba en pequeños trozos de carbón vegetal (cisco) incapaces de elevar la temperatura a los 900˚C y 1.000˚C necesarios para que se produzca la reacción química que transforma la roca caliza (CaCO3) en cal viva u óxido de calcio (CaO).

La actividad calera comprende una serie de tareas específicas que se desarrollan a lo largo de todo el ciclo anual. Las fases del proceso productivo son las siguientes:

  1. Recolección y transporte de la leña.
  2. Extracción, troceado y transporte de la piedra caliza.
  3. Preparación del horno.
  4. Carga del horno.
  5. Calcinación.
  6. Apagado y elaboración de morteros de cal.

El combustible que se seleccionaba en la recolección debía contener tres cualidades básicas: sequedad, tamaño menudo y alta capacidad calórica. La leña que se recogía del monte debía estar completamente seca para evitar el aciscamiento del horno. La extracción de la piedra se hacía a cielo abierto. Esta operación podía ser realizada en cualquier momento del año.

La carga del horno consistía en la construcción de una falsa bóveda de piedra caliza en el interior del horno. Era una labor de mampostería muy especializada pues, sin usar ningún tipo de conglomerado, el calero debía calzar y apuntalar las piedras dejando una cavidad interior bajo la cual se situaban la caldera y el fogón. En esta cámara resultante se concentrarían posteriormente las altas temperaturas necesarias para cocer adecuadamente la piedra caliza que la bordea.

Hacer una horná es como se denomina en Santa Ana la Real al proceso de cocción o caldeo de la piedra caliza. La hornada se efectuaba de forman ininterrumpida durante aproximadamente 40 horas. Transcurridas varias jornadas tras la calcinación comenzaba una nueva operación denominada desenhornar, que consistía en retirar la cal viva del horno.

El apagado consiste en el aporte de agua a la cal viva, lo que provoca una reacción química en la que el óxido de calcio (CaO) se transforma en hidróxido de Calcio (Ca (OH)2). La cal apagada o hidratada no es un producto final. El proceso concluía cuando era transformada en argamasa, que es un material compuesto por la propia cal mezclada en proporciones variables con arena, agua y distintos conglomerados.

Fuente: Ayto. de Santa Ana la Real.


2 comentarios

  1. Marcelino Tejero Fernández escribio:

    Hola, me encanta el pueblo y me gustaría saber horarios de autobuses para llegar ahí.
    Gracias

  2. Jose Antonio Sanchez escribio:

    Buenos días, Santa Ana es un pueblo muy bonito y muy limpio,
    de allí era mi abuela.
    Doña Mercedes Sánchez Chavez
    Cuando yo pueda comprare una casa alli

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