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Yacimientos Arqueológicos de Andalucía

Sitio Arqueológico de Torreparedones

Yacimientos Arqueológicos de Andalucía

Sitio Arqueológico de Torreparedones

El Sitio Arqueológico de Torreparedones, también conocido como Castro el Viejo o Torre de las Vírgenes, se localiza entre los municipios de Baena y Castro del Río, en la provincia de Córdoba, Andalucía. Al lugar se accede por la A-3125 que une las localidades de Baena y Cañete de las Torres, a la altura del km 17 se toma la vía pecuaria “camino de Castro del Río a Porcuna”.

Gracias a las excavaciones arqueológicas, sabemos que al menos desde el IV milenio a.C. hasta el siglo XVI, la presencia humana en este asentamiento fue continuada, habiendo conocido su mayor esplendor en las épocas ibérica y romana, al lograr la condición de colonia o municipio. La visita a Torreparedones es un paseo por 5.000 años de historia, por una ciudad de nombre desconocido aunque los investigadores apuntan a que podríamos estar en la colonia que Plinio mencionase como Ituci Virtus Iulia.

El poblado prehistórico

Los primeros testimonios materiales de la presencia humana en Torreparedones se remontan al Neolítico (fines del IV milenio a.C.). Aquí se asentó una pequeña comunidad dedicada a la ganadería y a la agricultura de tipo cerealístico como evidencian los molinos de mano y dientes de sílex que se utilizaban para la siega.

El oppidum ibérico

Desde el siglo VI a.C. Torreparedones se convirtió en un oppidum, es decir, en un poblado fortificado en altura, de los más destacados de la campiña cordobesa, alcanzando su máxima extensión. La ondulada meseta se rodeó de una potente muralla, reforzada a intervalos regulares con torres que se proyectan hacia el exterior, ciñendo una superficie de 10,5 hectáreas, siendo factible ya otorgarle el calificativo de ciudad.
El santuario ibero-romano
Localizado a extramuros del asentamiento, desde el siglo III a.C. al siglo II d.C. los devotos acudieron al santuario atraídos por los poderes curativos asociados a la diosa Caelestis-Juno Lucina-Salus venerada en este lugar. Identificada como diosa de la fertilidad y la salud, muchos exvotos se corresponden con representaciones de mujeres embarazadas implorando “un parto sin problemas”, mientras que otros son anatómicos y representan sólo las piernas, es decir, la parte sanada del cuerpo.

La ciudad romana

La presencia romana está atestiguada desde la etapa republicana, habiéndose detectado la típica cerámica campaniense por toda la extensión del yacimiento. En época de Augusto, la ciudad adquirió un estatuto jurídico privilegiado como evidencian algunas inscripciones que mencionan cargos de la administración municipal (aediles, duoviri…). Es muy probable que la ciudad no sea otra que la colonia inmune Ituci Virtus Iulia perteneciente al conventus Astigitanus.

Durante todo el siglo I d.C. se llevó a cabo un notable desarrollo urbanístico del que empezamos a conocer algunos elementos como el foro en el que se advierten dos fases constructivas, correspondiendo la segunda a una reforma, datada en época de Tiberio, que conllevó la “marmorización” de la plaza forense y de parte de los edificios ubicados alrededor, el templo, los pórticos y la basílica. Lo más significativo es la pavimentación de la plaza y su inscripción monumental con literae aureae que recuerda el nombre del evergeta responsable de la obra: Marco Junio Marcelo. También se han excavado el macellum o mercado de la ciudad, varios edificios termales y se ha localizado el anfiteatro a unos 200 m. al O. de la puerta occidental.

La puerta oriental

Punto de acceso a la ciudad a través de una muralla construida en torno al año 600 a.C., si bien sería en época romana cuando el primitivo muro fue seccionado con objeto de sustituir la puerta existente por una de mayores dimensiones, flanqueada a ambos lados por dos grandes torreones para su defensa. Dispone de dos aceras para los peatones y un sistema de doble puerta que dificultaría cualquier intento de asalto.

El mercado

En el siglo I d.C., situado junto al foro y dando fachada al decumano máximo, se construyó el mercado público macellum, uno de los escasos ejemplos de este tipo de edificios que se conocen en la Península Ibérica. En él se vendían productos alimenticios, especialmente carne de vacuno y pescado.

El foro del Sitio Arqueológico de Torreparedones

El lugar público por excelencia de la ciudad romana estaba ocupado por el foro, que era como un escaparate de la ciudad. Convertido con el tiempo en centro político, atrajo alrededor otros edificios civiles, administrativos y religiosos. Esta plaza, de forma cuadrangular, ocupó 528 m2, con pórticos columnados al N. y al S. y destaca una inscripción –la segunda conocida en Hispania- con el nombre del personaje local que pagó la pavimentación de la plaza con losas de piedra: Marco Junio Marcelo, de la tribu Galeria.

El templo

Responde al modelo de templa rostrata dotados de una plataforma o tribuna destinada a oradores, y que tienen una clara funcionalidad de carácter sacro y político. Su planta era rectangular, con unas dimensiones de 15 m de longitud por 9,40 m de anchura. Dentro de esta planta se ha podido distinguir la estructura de la cella, también rectangular. El acceso sería por dos escaleras laterales documentadas a ambos lados de la plaza del foro. Aunque está muy arrasado se puede afirmar que se trataría de un templo períptero sine postico, con fachadas tetrástila, probablemente systyla con fustes de 3 pies de diámetro. El modelo más característico es el templo dedicado a Divus Iulius, en pleno Foro Romano, en el lugar donde, supuestamente, fue cremado su cadáver, financiado personalmente por el propio Augusto quien lo inauguraría en agosto del año 29 a.C.

La basílica civil

En dicho edificio se realizaban importantes operaciones comerciales pero, sobre todo, primaba la acción judicial. También servía como lugar de reunión de los ciudadanos para tratar diversos asuntos, protegidos de las inclemencias del tiempo. Es de planta rectangular con una superficie de unos 350 m2 dispuesta con el lado mayor en sentido norte-sur, de modo que cerraba la plaza forense por el lado oriental, quedando justo en frente del templo. El pavimento, posiblemente de mármol, no se ha conservado pero sí los 20 pilares que sustentaban las 20 columnas de la perístasis (8×4) que rodeaba la gran nave central.

Disponía como mínimo de tres puertas de acceso desde la plaza del foro, una central más ancha y otras dos laterales. Tenía, como suele ser habitual en este tipo de construcciones, dos plantas en altura, la primera con un orden jónico y la segunda, con capiteles corintios.

La curia

Se localiza en la esquina NO. de la plaza, junto al templo, en el lado corto occidental enfrente de la basílica. Se trata del lugar donde se desarrollaba la vida pública-política, al igual que un ayuntamiento. En primer lugar, encontramos un patio tetrástilo: un auténtico atrium del que conservamos las basas de sus columnas y el impluvium. En la pared S. del patio se abre un nicho en el que debemos imaginar el tabularium, se abre una estancia o exedra rectangular que se interpreta como aerarium que contendría los pecunia publica de la colonia. Al lado O. del atrio-vestíbulo se extiende el aula de reunión de los decuriones, presidida por los duoviri. El aula, rectangular, aparece rematada por un ábside semicircular adecuado para albergar una estatua pedestre; tal vez el Genio de la Colonia o una representación imperial.

Viario occidental

Al O. del foro se ha puesto al descubierto parte del viario de la antigua ciudad ibérica que fue reaprovechado con la llegada de los romanos. Se han diferenciado dos calles en sentido E-O. y una en sentido N-S., así como una calle en dirección suroeste-noreste. Están pavimentadas con losas de piedra local y los muros de las fachadas con mampostería de piedras y mampuestos trabados con tierra, aunque en algunos tramos se aprecia un aparejo de opus vittatum. El origen de estas vías debe remontarse a la fecha de construcción de la muralla que rodea el asentamiento, hacia el año 600 a.C., momento en el que se configuró como una auténtica ciudad. El trazado de las vías es irregular, adaptado a la topografía del terreno. Los romanos tan sólo realizaron pequeñas reformas en algunos muros de la fachada con motivo de la construcción de edificios públicos, instalando al mismo tiempo en el decumano máximo una cloaca para evacuar el agua del mercado y las aguas de lluvia hacia la puerta occidental.

Termas orientales (no visitables)

Hasta la fecha se han documentado tres edificios romanos destinados a baño, un pequeño balneum junto al foro, otro sobre el que se levantó en el siglo XVI la Ermita de las Vírgenes y las termas orientales también denominadas “de la salud”. Presentan un buen estado de conservación, sobre todo, la zona más occidental donde se encuentra la zona de servicios y la sala caliente. Sin duda, la parte más interesante son las tres salas típicas de estos establecimientos, la sala fría o tepidarium que también debió servir como vestuario (apodyterium) que dispone de una pequeña piscina, la sala templada o tepidarium y la sala caliente o caldarium con su suelo radiante o hypocaustum por el que circulaba el aire caliente bajo el pavimento.

El suelo de la primera sala era de opus tessellatum con grandes teselas de color blanco, mientras que en las otras dos se resolvía mediante un opus sectile que alterna piezas hexagonales de caliza con pequeños triángulos de mármol. El caldarium es la parte mejor conservada de todo el conjunto, disponía en su lado sur de una piscina de agua caliente y en el lado oeste está la schola labris, a modo de ábside con cúpula en forma de venera y su fuente de agua fría.

Edícula de la Concordia y pórtico norte

En el lado N. del foro encontramos una pequeña capilla con amplia puerta flanqueada por pilastras y acceso escalonado; está revestida en su interior de placas de mármoles importados, blancos y de color; en la pared del fondo presenta restos de un nicho que albergaría una estatua de culto, probablemente, Dea Concordia. A su lado vemos un gran pórtico con columnas de caliza micrítica gris entre las que se levantan varios pedestales para estatuas de mármol: una femenina vestida (Livia ¿) y otra masculina togada (Tiberio ¿). Entre ambas existe un torso de una estatua thoracata aunque ésta debió estar colocada en uno de los cinco nichos que tenía el muro de cierre. Este espacio debió servir como chalcidicus, es decir, un espacio destinado a la representación y exaltación de la familia imperial y llegó a albergar hasta nueve estatuas.

Casa del Panadero (no visitable)

En el sector meridional de la ciudad se ha excavado una domus, es decir, una casa romana que está situada entre dos calles, una al O. y otra al E. desde donde tiene acceso. Tiene una superficie de unos 700 m2 y su planta responde al tipo de casa con atrio tetrástilo, en torno al cual se distribuyen las salas principales: vestíbulo, cubicula (dormitorios), triclinium (comedor), tablinum (sala de trabajo del propietario), culina (cocina), lararium y letrina.

En la zona O. hay un gran espacio que pudo servir como jardín y lugar de molienda del cereal. Destaca la presencia de un horno de pan en el sector N. que, por sus grandes dimensiones, debió funcionar como una verdadera panadería (pistrinum) al servicio de todo el barrio; además del horno propiamente dicho existe una sala de trabajo para el amasado y otra más pequeña para la venta del pan.

Ermita de las Vírgenes

En el siglo IX d.C., durante el gobierno de los emires Abd-al-Rahman II y su hijo Muhammad I, se produjo en Córdoba un triste episodio que tuvo como protagonista a la comunidad mozárabe (población cristiana de origen hispano-visigodo que vivía en territorio de al-Andalus). Muchos de estos mozárabes sufrieron el martirio y dieron su vida por defender a Cristo y no abrazar el Islam, caso de Nunilo y Alodia dos hermanas, de madre cristiana y padre musulmán, que fueron decapitadas por no renunciar a su fe cristiana.

La tradición dice que dicho suceso ocurrió en Aragón, cerca de Huesca, pero otras hipótesis proponen otros lugares, uno de ellos Castro el Viejo (Torreparedones) donde, desde el siglo XVI, se tiene constancia de la existencia de una ermita dedicada a estas santas. Es de pequeñas dimensiones (solo dos naves) y reaprovechó en su construcción las ruinas de unas termas romanas; se conserva parte del altar que estaba decorado con preciosos azulejos de arista. En el año 1644 un caballero de la ciudad de Córdoba visitó el lugar de Castro el Viejo y reconoció el interior de la ermita señalando que había un retablo con las imágenes pintadas de Nuestra Señora y las de las santas y, en la parte superior su martirio, según lo describió Eulogio de Córdoba en su libro Memoriale Sanctorum.

Necrópolis Oriental

En los terrenos donde se localiza el centro de recepción de visitantes existe una gran zona funeraria que fue usada durante las épocas romana y medieval. Se han documentado cerca de un centenar de tumbas romanas, en fosas excavadas en el terreno y revestidas de lajas de piedra, con el cadáver inhumado en posición decúbito supino con los brazos situados a los lados de las caderas o sobre el vientre y con orientación NO-SE. Mirando la cabeza al E. con un claro sentido ritual y sin ajuar funerario las romanas. Destacan varias tumbas romanas higogeas, a modo de mausoleos familiares, que disponen de una serie de nichos en las paredes para albergar las urnas (vasijas cerámicas pintadas de tradición ibérica y cajas de piedra) con los restos incinerados. Estas tumbas monumentales pertenecerían a familias con un cierto nivel adquisitivo, que construyeron estos monumentos en el cambio de era o el siglo I d.C. mientras que las inhumaciones individuales se fecharían entre los siglos II-IV d.C.

Anfiteatro (no visitable)

El último gran descubrimiento ha sido el anfiteatro, uno de los edificios públicos más emblemáticos en cualquier ciudad romana. Era el lugar en el que se realizaban espectáculos y juegos (munera, lucha de gladiadores y venationes, lucha de animales); también acogían las ejecuciones de los condenados a muerte. Está ubicado a unos 200 m. al SO. De la puerta occidental y su planta resulta no tan ovalada como suele ser habitual, sino más bien circular. Su eje mayor, en la fachada, tiene una longitud de 69 m. y su eje menor 65 m. mientras que en la zona de la arena, en la que tenían lugar las luchas, el eje mayor mide 28 m. y el menor 25 m.

La fuente romana

Localizada en la base del cerro donde se asienta la antigua ciudad, se localiza este manantial de agua que está estrechamente vinculado a la historia de dicho lugar. Con toda probabilidad, las propiedades terapéuticas del agua tengan relación con los exvotos anatómicos (piernas) que se han recuperado en el santuario ya que se interpretan como miembros sanados.

La aldea medieval

Tras el esplendor de la época romana altoimperial la ciudad fue perdiendo importancia de forma paulatina durante las épocas tardoantigua y visigoda. La presencia árabe está constatada, desde el califato hasta el siglo XII como evidencia el material cerámico y nimismático y a través de algunas estructuras murarias. Los documentos de la época denominan el lugar como Castro el Viejo, que contó con parroquia y término propio.

El castillo

Atalaya de la campiña cordobesa, el Sitio Arqueológico de Torreparedones se reducía en la Baja Edad Media a una fortaleza de construcción cristiana concebida por su estratégica posición en la frontera castellano-nazarí. Es una obra ya cristiana, de fines del siglo XIII o comienzos del siglo XIV. Los documentos de la época lo citan con el nombre de Castro el Viejo y sabemos que perteneció al rey Alfonso X quien lo donó a Fernán Alonso de Lastres en compensación por los servicios militares prestados durante la conquista, manteniendo así el papel estratégico que el lugar había tenido durante siglos.

Tras un corto periodo de tiempo en poder señorial pasó a monas del concejo de la ciudad de Córdoba, institución encargada de nombrar a sus alcaides. Su despoblamiento se hizo realidad a finales del siglo XVI cuando pasó a ser propiedad de la ciudad de Córdoba. Su torre del homenaje se eleva a 580 m. sobre el nivel del mar convirtiéndose en la cima más alta de la Campiña. Desde allí se divisan cerca de 30 pueblos.

Fuente Sitio Arqueológico de Torreparedones: Ayto. Baena


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