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Pueblos de Cáceres

Trujillo

Pueblos de Cáceres

Trujillo

Trujillo se encuentra al sur de la Meseta Central, (Comarca Miajadas – Trujillo), en la Comunidad Autónoma de Extremadura, provincia de Cáceres.

Citar Trujillo es evocar la conquista de América, el encuentro de dos mundos. Nombres como Francisco Pizarro, conquistador de Perú; Orellana, descubridor del Amazonas; Diego García de Paredes, el Sansón extremeño…

Se puede subir al castillo y a las murallas, una fortaleza levantada por los árabes en el siglo X. Allí se encuentra la Virgen de la Victoria, patrona de Trujillo, tallada en 1531 por el maestro Diego Durán.

La ciudad alta conserva el trazado del siglo XV, con numerosos palacios y casas fuertes, como el de Los Chaves, Hinojosa Calderón, Escobar, Altamiranos y otros. La joya artística de Trujillo es el templo de Santa María la Mayor, de los siglos XIII-XVI. Su torre es románica y existe un escudo del Atlétic de Bilbao y el retablo mayor. Está adornada con lienzos del pintor salmantino Fernando Gallego.

Historia de Trujillo

Trujillo proviene del antiguo Turgalium romano, denominación de raíz celta, correspondiente al primitivo castro celta. Diferentes testimonios funerarios y epigráficos nos muestra cómo el antiguo Turgalium se convirtió en una población de gran interés para el imperio romano, gracias entre otros motivos, a la cercanía geográfica con Augusta Emérita (Mérida).

Tras la época paleocristiana y visigoda, fue invadida por los árabes, pasando a llamarse Taryala. Comenzó una etapa de esplendor para la ciudad, convirtiéndose en un importante enclave militar gracias a la construcción de su alcazaba. Mantendrá una gran actividad comercial, prueba de ello fue el mercado ganadero, que se celebraba extramuros, en la antigua plaza del Arrabal, lugar donde siglos después se edificó la actual Plaza Mayor.

Tras varios intentos de reconquista, en 1232, el ejército cristiano de Fernando III atraviesa la Puerta del Triunfo, conquistando así de manera definitiva la ciudad de Trujillo. Cuenta la leyenda que la virgen apareció sobre una de las puertas del recinto amurallado, dando a los cristianos la victoria. Desde ese momento, la Virgen de la Victoria se convirtió en la patrona de todos los trujillanos.

En los siglos XV y XVI, gracias a la conquista del Nuevo Mundo, tiene lugar una gran actividad arquitectónica, llevando sus edificaciones fuera de los muros de la ciudad. En esta época Trujillo vivió un importante desarrollo económico y demográfico, gracias al cual, se ampliaron las antiguas fábricas religiosas y se levantaron nuevas construcciones nobiliarias, convirtiendo la Plaza Mayor en el centro neurálgico de la ciudad. En el interior de la Villa, se conserva el aspecto defensivo gracias a los alcázares y casas fuertes.

Monumentos / Que ver en Trujillo

  • Judería
  • Picota o Rollo
  • Iglesia de Santiago
  • Ermita de San Lázaro
  • Iglesia de San Martín
  • Convento de Santa Clara
  • Iglesia de Santo Domingo
  • Convento de las Jerónimas
  • Iglesia y Hospital de la Caridad
  • Convento e Iglesia de la Merced
  • Iglesia de Santa María la Mayor
  • Convento de S. Francisco el Real
  • Iglesia y Convento de San Miguel
  • Iglesia y Convento de San Antonio
  • Iglesia y Convento de San Francisco
  • Iglesia y Convento de la Encarnación
  • Estatua ecuestre de Francisco Pizarro
  • Palacio de los Marqueses de Piedras Albas
  • Casa de la Cadena
  • Casa del Peso Real
  • Casas Consistoriales
  • Palacio de Lorenzana
  • Alberca y Aljibe Árabe
  • Palacio de Santa Marta
  • Casa-Museo de Pizarro
  • Alcázar de los Bejarano
  • Hospital de la Concepción
  • Alcázar de los Altamiranos
  • Casa Fuerte de los Escobar
  • Palacio de Orellana Pizarro
  • Casa de Francisco de Orellana
  • Palacio Municipal o Alhóndiga
  • Palacio de Juan Pizarro Aragón
  • Palacio Marqueses de la Conquista
  • Palacio de los Barrantes-Cervantes
  • Palacio de los Duques de San Carlos

Iglesia de Santa María la Mayor de Trujillo: Levantada sobre un antiguo templo de hechura románica de hacia 1270, del que se conserva únicamente la torre oriental -Torre Julia- y la cabecera, con influencias ya cistercienses constatables en su recorrido hemipoligonal y absidiolas rectas, la Iglesia Parroquial de Santa María La Mayor ha sido a lo largo de sus más de setecientos años de historia el edificio religioso más importante de las Tierras de Trujillo y, de algún modo, el segundo en importancia de toda la Diócesis de Plasencia, tras de la Santa Iglesia Catedral, a cuya imagen y semejanza se edificó aquél.

Terminada la caja de las naves en el siglo XIV, que fue añadida a la ya citada cabecera en sustitución de otra de menor entidad, el edificio quedó configurado como un Salón Escalonado o Psudobasílica -nave central más elevada que las laterales y sin claristorio-. A comienzos del siglo XVI, varios maestros de cantería de origen vascongado y trasmerano ejecutan las nuevas bóvedas de las naves, de crucería con ligaduras y comandos, que sustituyen las primitivas de tipo angevino con plementería en vuelta redonda.

Hacia 1540, el maestro Sancho de Cabrera Solís dirige los trabajos de construcción del coro, de sintaxis todavía gótica aunque revestido de un telón ornamental renacentista, la Torre Nueva – concluida en el siglo XVIII- y el Baptisterio.

Su rico ajuar mueble, que ornamenta y da sentido catequético a las muchas capillas funerarias que jalonan el edificio -de Vargas, Altamirano, Pizarro, Loaisa,…- destaca especialmente por las pinturas del retablo Mayor, realizadas hacia 1490 por los maestros Fernando Gallego y Bartolomé en un estilo hibridado de fuertes contrastes germanos, flamencos y propiamente castellanos.

Iglesia de San Martín: Fue levantada en plena Plaza Mayor en el siglo XIV, con un aspecto sobrio y austero. Sufrió varias ampliaciones hasta ser culminada en el siglo XVI. Durante algún tiempo fue lugar de reunión del Concejo de Trujillo, dándole un carácter popular y de mayor interés ciudadano.

Se accede al interior por la Puerta de las Limas, llamada así por los frutos que la decoran. Es obra del primer tercio del siglo XVI. Ante esta puerta era donde se reunía el Concejo abierto de la ciudad. El interior de la iglesia está formado por un espacio único cubierto con bóvedas de crucería de terceletes con rica tracería de combados, que sobre haces de columnillas de labra tardogótica de escaso resalte.

Iglesia de Santiago: Ubicada en el interior del recinto amurallado, junto a la puerta homónima y la casa-fuerte de Luis de Chaves «el Viejo», la antigua parroquia de Santiago -finales del siglo XII- se levantó sobre uno de los centros urbanos de la Alcazaba hispanomusulmana. Jerarquía que mantuvo este espacio tras la Reconquista, como testimonian numerosos documentos que recogen el uso de su plaza inmediata como mercado, de la lonja del templo como espacio de reunión para el Concejo, y la ubicación en sus inmediaciones de las primeras casas que el Obispo de Plasencia tuvo en la entonces villa de Truxillo.

El edificio, ampliamente transformado en el siglo XVII, momento en que se compartimentó el espacio original en tres naves mediante pilares que sustentan un abovedamiento por aristas, fue levantado a finales del siglo XII, siguiendo un estilo románico que aún hoy es reconocible en la volumetría de sus muros, la forma de su cabecera o la hechura de su torre campanario. Las puertas son obra del siglo XV y la capilla de los Loaisa y la sacristía de la primera mitad del siglo XVI.

Entre otras piezas de singular valor, su interior conserva la célebre talla del Cristo de las Aguas, de tipo doliente, elaborada en el siglo XIV. De notable valor artístico son asimismo los esgrafiados que ornamentan los muros de la sacristía a modo de friso, bajo el forjado, un conjunto de tritones, roleos y laureas ejecutados en la pigmentada con negro de carbón, como un tapiz, bajo de estos, un encintado romboidal, a modo de sebga, tapado por un encalado contemporáneo.

Convento de la Merced: La orden de redención de cautivos de La Merced estuvo vinculada a la ciudad, a saber, desde el año 1590 en que Fray Juan Pizarro y Fray Diego de Sotomayor, miembros de seculares linajes trujillanos, solicitaron al Concejo fundar casa en la ciudad. No fue, empero, hasta 1594, que lograron el apoyo a la empresa de doña Francisca Pizarro Yupanqui, hija del conquistador del Perú, quien patrocinó la nueva fundación, incorporando a la misma los recursos e inmuebles de la Obra Pía de Catalina de la Cueva -su aya desde niña-, que ella misma tutelaba.

Instalados hasta 1629 en un primer cenobio situado junto al convento de descalzas de San Antonio, no sin hacer frente a numerosos problemas de convivencia con la citada comunidad, para esta fecha se hallaban ya en su nuevo emplazamiento entre las calles de Vivancos y Encarnación.

El nuevo convento, de estilo Barroco, no llegó a concluirse hasta el siglo XVIII. Contó con modernas e ingeniosas infraestructuras, como la escalera del patio, adulcida en cercha, o el propio claustro. La iglesia, inconclusa, fue concebida como un templo cruciforme, con transepto poco desbordante y cúpula sobre el crucero, pero el proyecto quedó en un sencillo cajón con cabecera hemipoligonal.

Fray Gabriel Téllez, Tirso de Molina, fue Comendador aquí entre 1626 y 1629, es decir, durante los años en que comenzó a erigirse este edificio.

Convento de Franciscanas de San Pedro: La fundación de esta casa de religiosas de la Tercera Orden Franciscana, bajo la advocación de San Pedro, se remonta a los años finales del siglo XV, en tiempos de Isabel I de Castilla. Algunos documentos citan como su primer benefactor al párroco de Santa María La Mayor, don García Sánchez, quien dejaba en su testamento, en 1493, 500 maravedíes de renta anual, puestos en la dehesa del palacio del Abad o Torre de Gonzalo Díaz. No obstante, este monasterio, como el resto de sus iguales contemporáneos, fue levantado gracias al peculio municipal, a las rentas de sus Bienes de Propios, que la reina Isabel, primero, y su nieto el emperador Carlos V, después, donaron en ocasiones anualmente, en otras, puntualmente para resolver las muchas dificultades económicas a que se  enfrentaban estas comunidades.

La iglesia, un cajón ad aulam cubierto con crucería, es obra de la primera fundación conventual (hacia 1500), no así el resto del convento, reconstruido primero en 1528 tras un incendio, y ampliado después, entre 1581 y 1585, por el maestro de cantería Francisco Palomo.

En el siglo XIX el edificio sufrió importantes mermas y desperfectos, primero en la Guerra de la Independencia, más tarde durante la desamortización de Mendizábal; circunstancias que terminaron por arruinar la portería y gran parte de la planta baja, que fueron reconstruidas en las décadas siguientes.

Convento de San Francisco: Ocupando una parte del solar de la última mezquita aljama que tuvo Trujillo, los franciscanos levantaron aquí, durante el reinado de Isabel I de Castilla, un cenobio de pequeñas dimensiones, que fue sucesivamente ampliado hasta el siglo XVIII; momento en el que adquirió la forma y apariencia con que ha llegado a nosotros el edificio actual, no obstante transformado en sus dependencias monásticas tras las desamortizaciones del siglo XIX, que desacralizaron una gran parte de su perímetro.

En las obras de la iglesia, que se prolongaron un siglo, trabajaron importantes maestros de cantería como Pedro de Larrea, Francisco Becerra, Francisco Sánchez o Pedro de Ybarra. Su planta cruciforme con transepto no desbordante, y colaterales comunicadas, recuerda a la dominica de San Vicente de Plasencia. El crucero fue reformulado en el siglo XVIII, momento en que se levantó la cúpula actual y se cerró exteriormente el cimborrio.

En el interior se conserva un excelente retablo barroco, debido a Bartolomé de Jerez.

Convento de Concepcionistas de Santa Clara: Situado en el arrabal medieval de San Clemente, bajo cuya advocación permanece la iglesia conventual, el Convento de Franciscanas de Santa Clara fue fundado por don Fray Martín Rol el 10 de julio de 1533; la primera comunidad la formaban ocho monjas, naturales del Convento de Concepcionistas de Cabeza del Buey (Badajoz).

En 1534, lograda la cesión de los derechos de uso y posesión de la antigua iglesia parroquial (s. XV) gracias a la autorización del canónigo de la catedral de Sigüenza don Luis de la Cerda, y la ulterior aprobación del Obispo de Plasencia, comienzan las obras del convento, que se anexa al citado templo clementino. El nuevo edificio, organizado en torno a dos grandes crujías que formaban una L, contaría con portería, una galería de orientación sur que funcionaba como claustro, refectorio y clausura. Concluido hacia 1570, fue ampliado en la segunda mitad del siglo XVII, momento en que su perímetro inicial fue cerrado por dos nuevos corredores, en derredor de los cuales fueron dispuestas nuevas dependencias monásticas.

Convento de Franciscanos Observantes: En diciembre de 1602, el Concejo de Trujillo recogía en el acta de la sesión de la fecha sobre los «Frailes Descalzos de la Viciosa: En este día se vio y leyó en este Ayuntamiento una Provisión y Facultad Real de S. M. en favor de los Frailes Descalzos de la Viciosa para trasladar su Monasterio a la Ciudad…». Un año más tarde tomaban posesión de la ermita y convento de la Magdalena, situado extramuros, en la zona norte del Berrocal. Allí estuvieron los franciscanos alcantarinos hasta que unas décadas después se trasladaron a un nuevo edificio, intramuros, junto a la antigua puerta de la Vera Cruz, hoy de San Andrés.

El nuevo edificio, bajo patronato de la familia Chaves Mendoza, cuyas armas adornan la fachada principal, fue realizado por el arquitecto Gabriel Pentiero, dentro de un estilo Barroco Clasicista reconocibles también en el claustro y la iglesia. En el siglo XVIII, ya en pleno Barroco, se levantaron el cimborrio octogonal y la linterna que cierran el crucero.

Tras la exclaustración decimonónica el edificio fue reutilizado primero como Hospital de la Concepción, bajo el patrocinio de la Fundación Obra Pía de los Pizarro, y, más tarde, como residencia particular.

Capilla de la Virgen de la Guía S. XV: Su talla data de los años finales del Siglo XV. Una copia de esta efigie acompañó a Francisco Pizarro en la aventura americana.

Alcazaba de Trujillo: Erigida sobre la cota superior del berrocal trujillano, en un cerro llamado «Cabeza de Zorro», la Alcazaba de Trujillo es un monumento andalusí del período Omeya, levantado en algún momento entre la novena y la décima centuria.

Sus muros de sillería despiezados en grandes bloques que encierran un núcleo interior de hormigón, conforman un recinto regular de 40 metros de lado jalonado de 8 torres, todo el trazado en codos rassasi -unidad de medida característica del califato de Córdoba. Una puerta en arco de herradura muy cerrado y sin enjarjar, rodeada de sendas torres, facilita el acceso al recinto, contemporáneo de las alcazabas de Mérida (hacia el 835) y Gormaz (Soria).

Tras el recinto principal, se sitúa la Albacara, un recinto poligonal levantado inmediatamente después que la fortaleza, al que se añade en época almohade una coracha.

De época ya cristiana son la barrera exterior con torres circulares, la cárcava o foso, hoy colmatado, las torres albarranas que avanzan mediante pasarelas por el costado occidental, y la barbacana exterior que gravita en derredor de la puerta de la Albacara. Recinto este último de tiempo de los Reyes Católicos, que destaca por su pequeña portada con buzón matafuegos y profundas troneras (s. XVIII).

En el interior de la fortaleza se conservan dos aljibes de incierta cronología y la capilla de la Virgen de la Victoria, patrona de la ciudad.

Alcázares de los Altamirano, Bejarano y Chaves: Adosado en la muralla, el Alcázar de los Altamirano, también llamado Alcazarejo, fue residencia durante el Señorío Independiente de los Castro en la segunda mitad del siglo XII.

Ubicado junto a la Puerta del Triunfo y originario del siglo XIII, del Alcázar de los Bejaranos solamente se conservan restos de las dos torres. En sus muros destaca el contraste de los ladrillos vanos mudéjares junto a bellas ventanas renacentistas.

Incrustado en la muralla, y protegiendo el acceso a la alcazaba por la Puerta de Santiago, el Alcázar de Luis de Chaves «El Viejo» fue construido en mampostería y sillería durante el reinado de Alfonso XI. Aquí residieron largas temporadas y hasta en cinco ocasiones los Reyes Católicos.

Murallas y Puertas: Las murallas que conforman la Villa de Trujillo son Musulmanas, se disponen de forma irregular para adaptarse a las diferentes cotas de nivel, aunque muestran una ligera tendencia a la forma rectangular, abarcan un área amesetada amplia. Son cinco puertas de acceso a la villa medieval.

Alberca y Aljibe Árabe: La Alberca es el monumento más original y desconocido del conjunto histórico trujillano. De origen romano para algunos -conserva sillares trabajados con anatirosis-, una poza islámica de época omeya que serviría, entre otras funciones, para abrevar la cabaña ganadera para otros, lo cierto es que sus más de 14 metros de profundidad excavados en la roca viva le confieren un aspecto imponente y una originalidad notable. Una escalera de finales del siglo XV facilitaba el acceso, la recogida de agua en época estival y su limpieza. en los alrededores se conservan todavía restos de una canalización que conducía sus aguas hasta los campos de San Lázaro y San Juan. Aljibe califal ubicado en los aledaños del Palacio de Altamirano.

Palacio de los Carvajal Vargas (duques de San Carlos): Fundadas por don Diego de Vargas Carvajal, Señor del Puerto de Santa Cruz, a mediados del siglo XVI, estas casas principales fueron morada y residencia de los Correos Mayores de India, prebenda que ostentó este linaje desde 1514 hasta 1768.

Erigido apenas unos años antes que su igual del marqués de La Conquista, el Palacio de los Carvajal Vargas es la más monumental de las residencias civiles extremeñas del Renacimiento. A este estilo corresponden sus fachadas, su extraordinario balcón de esquina, y sus célebres chimeneas, extraídas de los tratados de arquitectura de C. Caesarino y S. Serlio. El patio interior y su famosa escalera adulcida en cercha son obra del cantero Andrés de Viera (hacia 1650), que trazó el jerónimo guadalupano Fray Gabriel de Toledo, tomando referencias de los tratados de J. Vignola y A. de Vandelvira.

Palacio de los Barrantes-Cervantes: Situadas en la Plaza de San Miguel, espacio capital de la ciudad durante el siglo XVII, junto al convento de dominicas de igual nombre y la antigua Ceca, estas casas pertenecieron al oidor de la Chancillería de Granada, licenciado en Derecho por la universidad de Salamanca y miembro del consejo Real de Su Majestad Felipe III, don García de Barrantes-Cervantes sobrino del Cardenal Gaspar Cervantes de Gaete, uno de los coleccionistas de antigüedades más relevantes de nuestro Renacimiento. Fueron levantadas entre 1615 y 1618 por el maestro de cantería trujillano García Carrasco, a quien se deben las trazas y monteas del hermoso balcón en rincón y esquina con proyección cónica que domina sus dos fachadas, y cuya arquitectura fue tomada del tratado sobre la materia de Sebastiano Serlio.

Rehabilitadas por la Fundación Obra Pía de los Pizarro, hoy, funcionan como sede de esta histórica institución, ligada a Trujillo e Hispanoamérica desde el siglo XVI.

Palacio de Juan Pizarro de Orellana: Primo de Francisco Pizarro, fue el primer corregidor de la ciudad de Cuzco a finales del s. XVI. Levantó este palacio señorial renacentista sobre un antiguo edificio militar de los Vargas.

Su fachada tiene dos torres rectangulares, en una de ellas destaca un balcón renacentista. La portada principal está decorada con un friso de rama de espino y el escudo de la familia en el tímpano.

Conocida como «Casa de Contratación», por ser el lugar de enrolamiento de aquellos que querían marchar a Perú, en ella estuvo Cervantes hospedado en su viaje al Monasterio de Guadalupe, para cumplir la promesa que le hizo a la Virgen durante su cautiverio en Argel. Palacio de Justicia y Ayuntamiento, hasta el siglo XIX fue sede del Concejo.

Palacio Marqués de la Conquista: Construido en la Plaza Mayor en la segunda mitad del siglo XVI por Hernando Pizarro y Francisca Pizarro. Sobre su balcón se erige el escudo de armas que Carlos V otorgó al conquistador.

Palacio de los Orellana Toledo (marqueses de Piedras Albas): Estas casas fueron fundadas por Pedro Suárez de Toledo, regidor de la ciudad y nieto de los Condes de Oropesa, y su esposa doña Juana de Aragón Piccolomini -deuda del Papa Pío II- hacia 1550. Su fachada principal con sendas galerías de arcaturas retoma un modelo característico de la edilicia civil castellana del Renacimiento, como las villae de Huérmeses y Saldañuela en Burgos, de la Quinta de la Enjarada y Casillas de Cáceres, o los ayuntamientos de Ciudad Rodrigo, Úbeda y Plasencia.

La galería o lonja inferior, que daba protección a los comerciantes que cada jueves vendía en la plaza sus mercadurías, se forma a partir de arcos de medio punto enjarjados, que apoyan sobre capiteles itálicos. La superior lo hace con arcos carpaneles, ornamentados con platabandas renacentistas. Una crestería con crochet gótico remata este conjunto hibridado y ecléctico, en que se funden soluciones góticas y renacentistas.

Alhóndiga y Casa de Comedias (Ayuntamiento): Situada en plena Plaza de la Encarnación, uno de los centros urbanos de la ciudad durante el siglo XVI, la Alhóndiga o pósito de caldos y granos, hoy sede del Ayuntamiento de Trujillo, fue construida en 1566, siendo Corregidor de la ciudad don Pedro Riquelme de Villavicencio. El edificio fue levantado por los maestros de cantería Francisco Sánchez y Gaspar Prieto, y por el albañil Francisco Martín. El solar, con unas dimensiones de 124 pies de ancho por 102 de largo, fue comprado a Pedro Durán Carrasco y a su mujer, Juana González, por la cantidad de 119.887 maravedíes y 20 fanegas de trigo. La escritura de compraventa recogía entre otras condiciones que toda la fábrica había de quedar libre de futuras construcciones, conservando el concejo el derecho a abrir ventanas a los cuatro vientos. Condiciones que se han cumplido hasta nuestros días.

EN 1586, terminadas las obras, el edificio fue temporalmente adaptado como Casa de Comedias. Entrados en el siglo XIX, primero en 1859, el arquitecto municipal Andrés Natalio del Valle realiza un proyecto no ejecutado para la transformación del edificio como Cárcel; después, en 1886, Eduardo Herbás proyecta y ejecuta una reforma integral del edificio, añadiéndole una tercera planta para su reutilización como sede de los juzgados. Finalmente en 1888, se trasladan aquí las dependencias del Excmo. Ayuntamiento de Trujillo.

Torre del Alfiler y Casa de la Cadena: Baluarte defensivo medieval reutilizado como torre palaciega en el siglo XV por la familia Chaves Orellana. Pertenece a la Casa de la Cadena aludiendo a la cadena que hay sobre su puerta, privilegio real por haber hospedado a Felipe II en el año 1583.

Plaza Mayor: La primitiva plaza del Arrabal estaba ubicada entre la muralla de la ciudad y los barrios judíos y musulmanes. Con su trazado irregular y sus diferentes niveles, en ella se montaba el mercado central, también se celebraban espectáculos culturales y sociales, lo que la convirtió en el centro neurálgico y comercial de la ciudad. A partir del siglo XVI, sufrió grandes cambios, convirtiéndose en una plaza señorial y renacentista, donde las familias nobles edificaron sus casas palaciegas, conformando así un espacio arquitectónico de gran belleza y monumentalidad, con una arquitectura típica de los siglos XV y XVI. Hoy, en ella se celebran fiestas como «El Chiviri», de Interés Turístico de Extremadura o la Feria Nacional del Queso.

Estatua de Pizarro: Estatua de Pizarro erigida en el año 1929, obra del escultor norteamericano Charles Rumsey esculpida en bronce con mas de 6.500 kg de peso.

Museo de los Descubridores: Ubicado en la Iglesia de la Sangre de Cristo, obra del siglo XVII. Alberga un Centro de Interpretación sobre la presencia de Trujillo en la conquista, evangelización y civilización de América.

Casa-Museo de Pizarro: Consta de dos plantas, la baja recrea la casa de un hidalgo del siglo XV y la planta alta alberga el museo donde se expone todo lo relacionado con la vida y obra de Francisco Pizarro y el Imperio Inca.

Museo de la Coria: Ubicado en el antiguo convento de San Francisco el Real (abandonado tras la desamortización de Mendizábal). El edificio que fue rehabilitado en los años 70 por la familia Salas, alberga un Centro de Interpretación sobre la Conquista de América y sobre artesanía iberoamericana.

Museo del Traje: Colección de trajes pertenecientes a personajes populares del ámbito nacional e internacional. El museo se ubica en lo que fue el refectorio del Convento de San Francisco.

Gastronomía de Trujillo

Los distintos quesos de cabra y oveja conforman uno de los productos más importantes de la ciudad de Trujillo, como bien se representa en la Feria Nacional del Queso.

El frite de cabrito es uno de los platos típicos de la gastronomía extremeña, ligado a la tradición judeo-cristiana y al islamismo, representa uno de los platos tradicionales de la cocina trujillana.

Varios son los platos que podemos degustar en la ciudad como son migas extremeñas, criadillas de la tierra, carne de cerdo a la brasa (Moraga), prueba de cerdo o landrillas de ternera, entre otros.

Además de una variada repostería tradicional gracias a las distintas pastelerías y a las monjas de clausura de las Jerónimas o las Franciscanas de San Pedro que elaboran perrunillas, bizcochos y tocinillos de cielo que se pueden comprar a través del torno del convento.

Fiestas y Tradiciones

El Chiviri. Declarada de Interés Turístico de Extremadura. Miles de personas ataviadas con trajes típicos, se dan cita en la Plaza Mayor, cada Domingo de Pascua, para celebrar una fiesta donde antiguamente se llevaba el ganado para negociar su venta. Hoy se bailan canciones típicas escritas por el poeta local «Goro» y se degustan productos de la tierra.

Feria Nacional del Queso. Se celebra en la Plaza Mayor a finales de abril y principios del mes de mayo. Se ha convertido en una de las fiestas más importantes del sector a nivel nacional. En sus puestos se pueden degustar los mejores quesos artesanos. Además se realiza una cata donde el jurado elegirá a los mejores de cada modalidad.

Semana Santa Trujillana. Declarada de Interés Turístico de Extremadura. Por las calles de Trujillo, retumban tambores y cornetas para acompañar a cofrades y visitantes por los rincones más bellos de la ciudad.

Fuente: Ayto. de Trujillo | Redex

Embalses

Distancias desde Trujillo

Mérida 90 km
Cáceres 46 km
Madrid 252 km
Plasencia 80 km
Guadalupe 81 km


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